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Por Enrique Arias Vega >

Los economistas

   

Leía el otro día las recetas de una docena de premios Nobel de Economía para salir de la crisis actual. Todas eran contradictorias y hasta antagónicas la mayoría de ellas. Si los economistas más prestigiosos no se aclaran de qué hay que hacer para arreglar las cosas, ¿por qué demonios lo han de saber esos políticos a quienes criticamos con todo merecimiento?

Resumiendo las posturas, de un lado están los que dicen que hay que gastar menos, aunque se frene así el crecimiento económico, porque si no nos damos el batacazo. De otro, quienes dicen que hay que seguir inyectando gasolina en el motor de la economía, porque si no la crisis será peor. En cualquier caso, nos hallamos ante la clásica disyuntiva entre Guatemala y Guatepeor, pasada ya la reciente euforia de un crecimiento continuado y permanente. Y lo paradójico del caso es que ninguno de esos reputados economistas previno entonces que el dichoso ciclo iba a cambiar y que estaríamos debatiendo ahora qué es lo menos malo para un futuro que se vaticina sombrío.

Tantas vacilaciones, dudas y contradicciones de los sabios oficiales han alimentado, además, las criticas de quienes indefectiblemente hemos empezado ya a vivir peor que antes. Pero, ¿ante quién tenemos que protestar?: ¿ante el Gobierno?, ¿la oposición?, ¿los bancos?, ¿Obama?, ¿Merkel?, ¿el destino?, ¿los ciclos económicos…?

Me temo que nadie, empezando por tanto economista indocumentado, nos ha explicado que también debemos protestar ante nosotros mismos por haber sido manirrotos e insensatos y haber creído que nuestra vida era un chollo continuo que tenían que financiarnos los demás.