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POR FIN EN TENERIFE >

“Cuando toque, volveré a navegar”

   

Manuel Bilbao besa a su esposa Ana Plasencia a su llegada a Los Rodeos. | SERGIO MÉNDEZ

ÁNGELES RIOBO | SANTA CRUZ DE TENERIFE

Tenerife. Aeropuero de Los Rodeos. 16.40 horas. Ana, una angelical mujer rubia de unos 35 años, sostiene un carrito con dos bebés, igual de rubios, en su interior. Un niño y una niña, de apenas un año de edad. A su lado un joven corpulento bastante moreno, Fernando y al lado de este, Nati, una joven también morena que no llega a los 40.

A un metro de distancia, sentado, un señor de edad avanzada, Manuel, que por los gestos se aprecia que iba por el grupo. Hasta aquí, una estampa familiar típica de las muchas que pueden verse en un aeropuerto normal. Pero esta situación cambia, al conocer que todos, excepto la mujer rubia, se apellidan Bilbao y esperan a Manuel, oficial del buque secuestrado en aguas del Golfo de Guinea, el Mattheos I.

El joven pasa sonriente el control de la puerta y se funde en un sentido abrazo con sus familiares. Atiende a los medios de comunicación y, con su hija colgada del brazo, comparte con los periodistas sus sentimientos, pensamientos y emociones vividas durante los 11 días de secuestro. Dice que ahora se siente “de maravilla”, que tenía muchas ganas de llegar a su Isla y ver a los suyos, pero recuerda que “pasó mucho miedo”.

Manuel, marino mercante, es nieto, sobrino y hermano de marinos, y nunca se había dado en su entorno una situación similar. Cuenta que los secuestradores eran 11, e iban armados con metralletas, machetes y cuchillos, pero que salvo amenazas y algunos golpes al inicio de su fechoría, el resto del tiempo les trataron relativamente bien aunque tenían que “pedir permiso incluso para cambiarse o para ir al baño”. La situación se relajó toda vez que los secuestradores, de origen nigeriano, les hubieron despojado de todas las pertenencias de valor, como móviles, ordenadores, relojes y radios, e incluso otras de menos valor como su ropa interior. De hecho, resaltó que lo que llevaba puesto, un polo y un vaquero, era lo único que le habían dejado. A pesar de que en ningún momento del secuestro tuvieron comunicación con el exterior, Bilbao asegura que los secuestradores les dejaron claro desde el principio a lo que íban. “Nos dijeron que venían por nuestras pertenencias y por la carga”, contó aún con expresión de sorpresa. A pesar de todo, Bilbao es un marino de pro, “cuando me toque, volveré a salir”, asegura.

Los piratas vivieron sus 11 días en el Mattheos I a cuerpo de rey. Manuel recordó que pedían de comer a todas horas incluso a las tres de la mañana. “Los que peor lo pasaron fueron el cocinero y los camareros de origen filipino que tenían que dar de comer a todos, tanto a la tripulación como a los piratas”. Incluso los más religiosos disfrutaban de una cómoda lectura de la Biblia cuando les apetecía. Carmen Baudet relató que uno de los piratas, sin quitarse la ametralladora de encima, pedía a los secuestrados que leyeran la Biblia en español y en inglés…

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Tuvo que ser el 15

El 15 de septiembre de 2011 quedará grabado para siempre en la memoria del primer oficial del Mattheos I, Manuel Bilbao, no sólo por ser la fecha en la que su barco fue secuestrado sino porque, además, es el día en que cumplen años su mellizos, un niño y una niña. Este pasado 15 de septiembre hicieron, precisamente, su primer año de vida.Aquella jornada, la confusión y el miedo se apoderaron de Manuel y de sus 22 compañeros tripulantes, a la vez que, aquí, en España, se tenía conocimiento del secuestro pero no de las intenciones de los secuestradores. Un día más tarde, la naviera propietaria del buque, lanzaba un poco de luz asegurando que la intención del robo de la carga y del combustible era la opción más probable. Tras 11 días de secuestro fueron dejados en la compañía les recompensará todo lo que les han robado. Bilbao cuenta que el peor momento de todos, a la vez que el más violento, fue el desembarco de los secuestradores en el Mattheos I. “Entraron por grupos y nos redujeron a todos, nos pusieron a todos juntos encerrados en un mismo sitio y con la amenaza de que no nos movieramos de allí en una hora, porque volverían a… eso…”, relata. A pesar de que los mismos piratas les dijeron que venían a por las cosas de valor “nunca sabes cómo pueden reaccionar. Creo que todos temimos por nuestras vidas”, concluye.

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