X
desde andrómeda

Miedo o nada > Verónica Martín

   

Tenemos miedo a todo. A eso que hay detrás de la puerta que aún no hemos abierto. A lo que está escrito en una carta cuyo sobre rasgamos lentamente para que las letras no salgan despedidas como dagas. Nos estremecemos ante lo que pondrá el cuerpo de texto de un correo con amenazante asunto: urgente.

Nos da pavor mirar el puntero de la báscula. Contenemos la respiración cuando nos hacemos una prueba de embarazo. Nos sudan las manos cuando conocemos a la pareja de un mejor amigo por miedo a que descubra que no somos tan fantásticos como él nos ha definido. El insomnio es común cuando tememos defraudar a quienes han confiado en nosotros.

El miedo es un gran compañero del fracaso pero, también, de la destrucción y de la cobardía. La alerta, la inseguridad y la precaución no son sinónimos del miedo. El miedo, paraliza. La alerta, nos activa. La sana inseguridad nos hace más responsables y la precaución, nos convierte en menos vulnerables.

En un mundo en crisis, el miedo no puede ser la tónica del necesario cambio. El miedo ha sido el gran enemigo del hombre. Por miedo, se llega a convencer a millones de personas de que el otro, solo porque tenga un color diferente y unas costumbres ajenas, es peor. El miedo ha llevado al totalitarismo más abominable y a las decisiones más absurdas.

Ahora, el miedo se intenta colar por todos las rendijas de la vida para crear una sociedad paralizada, inocua, voluble e insensible. El miedo al paro no nos hace mejores trabajadores, nos convierte en funcionariales especialistas en poner cuños; en personal temeroso, sin capacidad de decisión o de arriesgarse. El miedo al fracaso escolar no nos hace mejores estudiantes, nos bloquea la capacidad creativa y nos convierte en mediocres recitadores de temas capaces de aprobar un examen (y hasta una oposición de notario). El miedo al amor no nos hace mejores amantes, nos convierte en aburridas parejas que hacen la compra juntos y piensan que la pasión ya ha pasado y que hay que acostumbrarse.

Ante el miedo a todo, la respuesta debe ser la acción. Vencer al miedo nos convierte en personas más libres con capacidad de equivocarnos y reaccionar sobre esos errores que nos harán, sin duda, crecer.

El miedo es el peor compañero de la vida porque la ensombrece y la convierte en grisácea. La lucha no está contra los mercados sino contra el miedo.