X

Milagros de dioses muy humanos

   

El pequeño Aladje, durante su travesía para ser intervenido del corazón. / DA

ÁNGELES RIOBO | SANTA CRUZ DE TENERIFE

Tres jóvenes españoles acuden a Guinea Bissau, uno de los seis países más pobres del mundo, para grabar un documental. Meses después regresan a España con una importante lección aprendida. En el país africano, descubren que los dioses de verdad tienen huesos. Precisamente, ése es el nombre que deciden darle a su reportaje de investigación.

David Alfaro tiene 31 años y es el principal artífice del largometraje. Periodista y director de cine, tuvo la idea tras conversar con un amigo suyo que trabaja en Guinea Bissau con la ONG AIDA (Ayuda, intercambio y desarrollo) quien le explicó que, en aquel país, un niño que sufre alguna enfermedad cardíaca que requiere intervención quirúrgica, sencillamente muere. Esta es solo una de las crudas afirmaciones que puede constatarse en el documental, el eje principal del mismo y la realidad contra la que lucha cada día la ONG.

“Sus miembros realizan la labor de dioses al tener que tomar la dura decisión de salvar la vida a un niño enfermo o a otro, pues en Guinea Bissau no existe la infraestructura para operarles y los recursos para salir son limitados”, explica el director. Y así, solo los más afortunados son evacuados para ser intervenidos en otros países, principalmente Portugal y España, no sin pasar por un arduo proceso burocrático plagado de escollos, que, por desgracia, muchos niños ni siquiera superan y mueren en el trámite.

Con estas premisas, el joven director parte en 2009 hacia el país africano junto a sus amigas Marta Moreno y Belén Santos para enfrascarse en la aventura, al contar con la única ayuda de la productora canaria Mackenzie Muzik que les aportó el material necesario para el rodaje. Una vez ya en el país contaron con el apoyo inestimable de la ONG que selecciona y evacúa a los niños enfermos, a la vez que “intenta agilizar la burocracia para que en lugar de salir 12 niños del país en un año puedan salir muchos más”, valora David.

Llegaron a Guinea Bissau con la idea de grabar en unas cuatro semanas, pero les informaron de que en ese tiempo era imposible seguir el proceso completo. Por este motivo, Los Dioses de verdad tienen huesos es la historia contada desde el prisma de cinco componentes de la organización no gubernamental dedicados a esta difícil misión. Entre los protagonistas se encuentran un enfermero holandés, Yohannes, y un monje franciscano de Nueva Jersey, Fray Michael. “En principio no teníamos un objetivo final, pero nos contagiaron y empezamos a seguirles”, explican los autores. Añaden que pasaron todo el día con los personajes desde que se levantaban hasta que se acostaban. “Lo grabamos todo, llegamos a grabar 90 horas de material de las que extrajimos los 90 minutos del largometraje”, cuenta.

“Allí nos percatamos de que los problemas no son solo burocráticos”, puntualiza Marta, y explica que en ocasiones los niños son evacuados tarde por culpa de su propia familia. “A veces el padre no deja que la madre sea la acompañante, por ejemplo”. Estos motivos se suman a los de la larga lista de los niños y niñas guineanos que perecen mientras esperan ser operados fuera de su país.

La inestabilidad y los conflictos violentos son un problema crónico de Guinea Bissau. Cuando llevaban varias semanas de rodaje, el equipo de vio sorprendido por un grave atentado. El presidente de la República y el jefe del Estado Mayor fueron asesinados a tiros y machetazos. Se cerraron las fronteras y se estableció el toque de queda. La grabación se alargó un mes más, pero reflejamos incluso la casa del presidente tras el sangriento atentado”, relata el director.

Salir para vivir

Los escasos recursos de Guinea Bissau repercuten de forma muy negativa en su sistema sanitario que no cubre siquiera las necesidades mínimas de su población. Su estructura sanitaria carece de los recursos necesarios para resolver enfermedades que se tratan fácilmente en Europa. La labor de AIDA consiste en seleccionar los casos clínicos más graves, mayoritariamente niños con cardiopatías congénitas y reumáticas, hidrocefalias, tumores y deformaciones congénitas; realizar una evaluación socioeconómica de las familias, apoyarles en el duro proceso burocrático para la obtención del visado médico que les permite viajar al extranjero, financiar los viajes y dar asistencia social en el país receptor. Para continuar con la evacuación de los casos más graves en este país africano, la ONG ha conseguido el apoyo de varias entidades y hospitales, entre los que se encuentran la fundación Infancia Solidaria o el Ramón y Cajal, de la capital de España.

David Alfaro y Marta Moreno. / DA

[apunte]

“Sorprende lo felices que son sin tener casi de nada”

David y Marta estuvieron en Tenerife recientemente para presentar el documental dentro del Salón Internacional del Libro Africano, (SILA). En una a agradable charla en el parque García Sanabria, los jóvenes relataron sus vivencias en el país africano. “Queremos sensibilizar a la sociedad para que más hospitales operen a estos niños de manera altruista”, recalcan. Pese a las numerosas dificultades, y situaciones conflictivas que han vivido en Guinea Bissau, -reconocen que han llorado bastante- ambos jóvenes afirman que se han traído una enorme sensación de alegría transmitida por los mismos habitantes del país. “A pesar de que no tienen casi nada, ni luz ni agua corriente, ni sus necesidades básicas cubiertas, son muy felices. Si hubiese un medidor de felicidad, ellos nos ganarían”, dicen. Esa sensación agridulce se refleja en el reportaje.

[/apunte]