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Ni un insulto más

A lo largo de nuestra vida como periódico hemos elegido el camino de la moderación y el respeto. Dentro de la firmeza de nuestra línea editorial. Dentro del compromiso con los valores y principios en los que creemos. Entendemos que el primer síntoma de muerte cerebral de un medio de comunicación es el recurso al insulto, a la descalificación de aquellos que piensan distinto de nosotros.

Durante muchos meses hemos soportado estoicamente las alusiones veladas o las descalificaciones directas de los editoriales de nuestro colega El Día. Y lo hemos hecho porque creemos que las empresas editoriales de prensa no debemos caer en el cainismo en que, por ejemplo, han terminado embarrados los partidos políticos en este país. Lo hemos hecho porque, pese a que discrepemos -radicalmente- de la línea editorial de El Día, creemos firmemente en el derecho a la libertad de expresión y de opinión. Y esa creencia sólo puede acreditarse ante quienes piensan de otra manera y defienden otras opiniones.

DIARIO DE AVISOS ha estado al frente de la sociedad de Tenerife cuando ha tocado. Estuvimos (más bien solos) en la defensa de la industria tabaquera de Canarias exterminada por el monopolio estatal de tabacos. Estuvimos en contra de la Ley de Aguas expropiadora de los pequeños propietarios de nuestra Isla que intentó implantar el primer Gobierno socialista. Estuvimos en la defensa de la Universidad de La Laguna cuando, para atender el legítimo derecho a la creación de una Universidad en Las Palmas de Gran Canaria, se planteó una división universitaria que debilitaba a los dos centros superiores y afectaba gravemente a la ULL. Estuvimos defendiendo las ventajas de ser europeos cuando se discutía dejar a Canarias fuera del Mercado Común, lo que hubiera significado la muerte de las exportaciones agrícolas de las Islas.

Hemos estado allí donde la defensa de los intereses de Tenerife nos han llevado. Pero también creyendo en las otras Islas que constituyen esa realidad hermosa y diversa de Canarias. Creyendo en Canarias como un pueblo moderno y europeo. Defendiendo el mayor autogobierno de nuestras Islas, sin perder de vista que somos un pueblo europeo y una pieza esencial de España. Entendiendo que existe un pleito de capitales y una lucha por la preponderancia entre las burguesías de Santa Cruz y Las Palmas, pero entendiéndolo como una consecuencia dinámica de la competencia entre conciudadanos y que, excepto en contadas ocasiones perversas, actúa como una fuerza que impulsa y estimula nuestro crecimiento.

Miembros relevantes del consejo de administración de este periódico fueron fundadores de la Agrupación Tinerfeña de Independientes (ATI) hace ya más de dos décadas. Cuando los editoriales de El Día no habían descubierto las excelencias del independentismo, cuando no se había producido la caída del caballo de Saulo para que le fuera revelada la verdad verdadera del genocidio guanche, hubo otras personas que ya apostaban por la identidad de las Islas, por la singularidad de esta tierra y de la gente que vive en ella. Es decir, que no estamos dispuestos a admitir que nuevos conversos, con la fe del carbonero, se dediquen a expedir títulos de canariedad. Ni a nosotros, porque de lejos vienen las raíces de nuestro árbol, ni a nadie. DIARIO DE AVISOS está con Tenerife y con Canarias. Con la gente que tiene aquí su hogar, su trabajo, su familia y sus problemas. Todos somos la carne y la sangre de este pueblo que se ha hecho a lo largo de su historia con gentes venidas de todas partes del mundo y que, en los momentos más duros, vio cómo sus hijos tenían que viajar hasta otros pueblos, que los acogieron con los brazos abiertos.

DIARIO DE AVISOS está con unos políticos canarios que en tres décadas de autogobierno han conseguido transformar radicalmente nuestra sociedad llevándola a cotas de progreso y desarrollo que no podíamos imaginar. Ello no supone que cerremos los ojos ante sus ineficiencias, sus desvaríos y, en ocasiones, sus vilezas. Ni que estemos al margen de la alarma y la preocupación por una profunda crisis económica que está afectando de forma dramática a muchas familias. Pero nuestras críticas ni persiguen a las personas ni pretenden descalificar de forma global a quienes son representantes elegidos por nuestro pueblo y merecedores por tanto de un respeto que a veces se niegan ellos mismos.

Hace unos días soportamos la última alusión de El Día. La última desde el silencio. Se nos situaba en la órbita de un periódico afecto al Gobierno de Canarias y a Paulino Rivero. Y ni siquiera se nos acusaba de ello por razones ideológicas, sino por alusiones alimenticias: como si este periódico plegara su independencia por la concesión de favores económicos o prebendas públicas.

Y hasta ahí. No estamos por rescatar de la memoria tantos regalos dominicales conseguidos con dinero público. No estamos por desenterrar de las polvorientas hemerotecas las cadavéricas y amarillentas fotos de medallas, metopas y títulos. No estamos por recrear los almibarados discursos de agradecimiento por honores y distinciones. No, por ahora. Pero hasta aquí podríamos llegar si aguantamos en silencio que, el que ha querido ser la novia de todas las bodas y el muerto de todos los entierros, nos acuse a nosotros de entregar nuestra sagrada independencia por favores políticos. No lo admitimos en el presente de quien tiene tan poco pasado. No lo admitimos en nombre de una cabecera centenaria que en mil y una ocasiones ha demostrado que está al servicio de sus lectores y de los ciudadanos de nuestras Islas.

DIARIO DE AVISOS se presentó al concurso de licencias de radio convocado por el Gobierno de Canarias. Como El Día. No nos concedieron ninguna licencia. Como a El Día. Nosotros estamos defraudados con un concurso que ha ignorado a empresas de comunicación fundamentales en las Islas, que ha olvidado a pequeñas empresas de radio con una larga tradición e historia y que ha beneficiado a otros grupos y empresas cuyos proyectos -como no puede ser de otra manera- respetamos, pero que consideramos en justicia menos merecedores de las concesiones públicas.

Pero que no hayamos sido favorecidos en nuestros intereses empresariales no nos puede llevar a un ciego enfrentamiento exterminador del Gobierno. No ya porque sería miserable anteponer nuestras finanzas a nuestra prudencia, sino porque sería traicionar el contrato de independencia, respeto a la verdad y transparencia con nuestros lectores. Ése no parece el caso del periódico El Día, un nuevo flautista de Hammelín que pretende que el mundo baile al son de sus intereses bajo amenaza, en caso contrario, de una campaña de exabruptos y ataques personales contra quien considera que no se ha plegado a sus dicterios. Y que ha conseguido la meritoria hazaña de que hasta cuando tiene razón, como en el caso de las radios -donde parece indiscutible el prestigio de Radio El Día y sus profesionales- termine perdiéndola en un discurso reaccionario plagado de descalificaciones.

Respetamos las ideas ajenas. Aunque, como es el caso, no las compartamos. Y sólo pedimos -no es mucho- el mismo respeto para las nuestras. Ese lenguaje criptofascista que establece que sólo existe un tenedor de la verdad, mientras los demás digan lo que digan están equivocados, nos repugna. Y aún así, entendemos que todo el mundo tiene derecho a opinar en sus propios términos, sean los que sean, sean lo excluyentes que sean. A opinar, pero no a insultar.

Quienes con tanta servidumbre fueron jardineros fieles de aquella planta que se ha convertido en una penca, y que hoy se sacan estupefactos y atónitos los picos que se les clavan sin venir a cuento, son en cierta forma responsables de los riegos de ayer y los picos de hoy.

Pero en DIARIO DE AVISOS nunca hemos escrito de rodillas, ni hemos halagado a cambio de honores. Nuestro honor es nuestra historia. Nuestro patrimonio nuestros lectores. Y nuestra independencia el alma intocable de este periódico que jamás, decimos jamás, vamos a dejar insultar en silencio.