X
adeje >

Niños que no olvidan sus raíces

   

NICOLÁS DORTA | ADEJE

En la Isla hay aproximadamente 1.300 rusos empadronados. La mayor parte se concentra en el Sur, donde el clima adecuado y las posibilidades laborales hacen de la zona un lugar apropiado. Algunos compran sus casas y se quedan una temporada y otros se han instalado definitivamente aquí. Es el caso de Elena Sorokko, directora del Club Infantil Ruso, un lugar que ha creado ella misma y pretende educar a estos niños para que no olviden sus raíces y las compartan con los demás.

“Yo quería hacer algo para que mis dos hijas no olvidasen la cultura de donde provienen”, dice Sorokko. Las pequeñas, de diez y seis años, han nacido en Tenerife y hablan con sus padres en su idioma. Pero en el colegio (donde también aprenden inglés y alemán) y en la calle, escuchan el español. Sorokko, que vino a Tenerife hace 11 años, comentó esta propuesta pedagógica con otras madres rusas que llevaban al colegio a sus hijos, y poco a poco el aula se fue llenando.

15 alumnos

Actualmente Elena tiene unos 15 alumnos de cuatro a diez años que divide en dos grupos. Quiere tener más. Su proyecto le ilusiona y cuenta con la colaboración del Ayuntamiento de Adeje que le deja un salón cuando así lo requieren las circunstancias, para celebrar una fiesta o un día especial. “Esto es algo que agradezco bastante”, dice Sorokko. Los niños vienen por la tarde, después de acabar el colegio. Los más pequeños aprenden a leer y a escribir sus primeras palabras en ruso. También se leen fábulas, algo de geografía, literatura infantil rusa. “Cada semana aprenden una poesía”, comenta la profesora. No todos los niños tienen padres rusos. Algunas madres están casadas con canarios. Así, los pequeños en la casa hablan español, en el colegio también y en el Club Elena intenta que comiencen a hablar el ruso. Una de las mayores satisfacciones de Elena es que los padres “agradezcan el trabajo”. Una labor dura. El Club también tiene un taller para moldear arcilla que imparte una chica de Estonia. Se hacen las fiestas de año nuevo y la del 9 de mayo, cuando los rusos ganaron en 1945 a Alemania en la Segunda Guerra Mundial. También celebra la masleniza, una muñeca de invierno que da a bienvenida a la primavera, acompañada de comida típica de su país.

Cultura y salud

Elena nota que los niños están interesados en aprender. Muchos de ellos no han ido a su país, han nacido aquí, “y les extraña a veces el lenguaje”, indica Sorokko. Elena estudio inglés y alemán, en Nizhny Novgorod, la quinta ciudad más grande de Rusia, con alrededor de 2 millones de habitantes, por debajo de Moscú y San Petersburgo, Novosibirsk y Ekaterinburgo. El español lo aprendió en libros y en su vida en Adeje, donde reside. Su marido es traductor y trabaja en una inmobiliaria. “Muchos niños vienen a la Isla por salud; las grandes ciudades, crean problemas respiratorios a los pequeños, que mejoran cuando está aquí”, comenta la profesora. Sorokko prepara cada día sus clases, busca nuevos métodos.

Su objetivo es que el Club crezca en un entorno de convivencia cultural. Que los niños sepan cuáles son sus raíces.