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Ocho decenios endulzando la ciudad

   

Guillermo Soto (izquierda) ha heredado el negocio familiar de su padre, quien aún sigue involucrado. / SERGIO MÉNDEZ

JESSICA MORENO | SANTA CRUZ DE TENERIFE

Más de ocho décadas lleva la familia Soto elaborando dulces, pasteles, bizcochones o tartas en el centro de Santa Cruz. Este negocio, que ha endulzado a miles de niños y mayores es un comercio familiar, que se ha ido heredando de padres a hijos, y ya lleva cuatro generaciones.

La pastelería Soto, que se encuentra en la calle Salamanca, es una de las confiterías artesanales más tradicionales de la Isla. De hecho, como afirma el pastelero Guillermo Soto -la cuarta generación de la familia- este establecimiento, uno de los más antiguos de la ciudad, recibe clientes de distintos puntos de Tenerife, “que vienen solo a comprar nuestros productos”. A pesar de que las nuevas tecnologías han permitido incorporar avances en la elaboración, la seña de identidad artesanal sigue estando presente. En pocos meses se trasladarán a su nueva ubicación, también en la calle Salamanca. Para ello y con el fin de seguir conservando esa esencia de toda la vida se ha rehabilitado una casa antigua.

Los años treinta

La historia de este establecimiento se remonta, aproximadamente a la década de los treinta del siglo pasado, cuando Guillermo Soto (bisabuelo de quien hoy regenta el local) junto con sus hermanos fundaron la pastelería en la calle Cairasco, en la zona de Capitanía General. “Este comercio, que estuvo abierto unos cuarenta años, fue de los pioneros de la ciudad”, indica.

“Entonces uno de los hijos, mi abuelo, se independizó y se fue a Venezuela, donde también se dedicó a la repostería durante un año, pero retornaron a la Isla dejando allá una industria. Entonces en una casa de la zona de Salamanca Chica, con las tecnologías de la época empezaron a fabricar en su negocio. Este comenzó a crecer y un día se les ocurrió, no solo vender a la calle, sino montar un negocio y fue cuando adquirieron este local en la calle Salamanca para vender al público en 1955”, explica Guillermo. Desde esa fecha han estado Guillermo Soto Hernández (abuelo), Guillermo Soto Soto (padre ) y Guillermo Soto Cano (hijo). Aunque sea un comercio familiar, lo cierto es que no hubieran podido salir adelante sin la colaboración de sus esposas, como bien destaca la última generación.

Una de las señas de identidad de la pastelería es que todo se elabora en el establecimiento. Además, dentro de la medida de lo posible, cada semana se innova con formas distintas y otros sabores y decoraciones. Aunque entre los pasteles estrella se encuentren los merengues, este establecimiento ofrece todo tipo de productos para endulzar un poco más la vida de la gente.