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Por Óscar Herrera >

Paciencia y exigencia

   

Primera decepción liguera de la temporada, segunda del curso si sumamos la Copa del Rey. El Tenerife ayer demostró dudas importantes en su juego y hay que despejarlas pronto. Esto es Segunda División B y ya nos estamos dando cuenta. El Conquense fue en tramos del partido mejor y, con más orden, puso en aprietos al Tenerife y eso en el Heliodoro no debería ser así. La realidad es que este equipo tiene mucho margen de mejora y para muchos aficionados ayer la sensación es que no es oro todo lo que reluce. Está claro que el buen inicio de campeonato con dos triunfos seguidos pudo confundir a algunos y pensar que todo el monte es orégano, y no, este monte de Segunda B tiene trampas y ya lo hemos descubierto a las primeras de cambio. También hemos vuelto a comprobar lo voluble que son las opiniones en la Isla. Después de ganar a Vecindario y Sporting B todo era positivo y maravilloso. Tras el fiasco de Cerceda y el tropiezo del Conquense no debemos caer en el negativismo. Tienen que pasar todavía unas cuantas jornadas para ir descubriendo todo el potencial de un equipo nuevo, con buenos jugadores y mejorable todavía en su funcionamiento colectivo. Aun así no hay que olvidar que paciencia y exigencia son dos términos que hay que saber manejar.

Paciencia porque a 4 de septiembre no podemos pretender que el Tenerife funcione a la perfección y ganar 3-0 cada domingo. Exigencia porque hay que tenerla después de dos fracasos estrepitosos en los dos últimos años. De momento no hay motivos, ni mucho menos, para la preocupación, pero estamos todos con la mosca tras la oreja porque esta afición no merece ni un desengaño más. Ayer, en el Heliodoro Rodríguez López, casi 10.000 espectadores es una muestra más de lo grandiosa que es esta afición. Ya escasean los calificativos y es síntoma claro de que a pesar de los pesares el club nunca caminara solo. Pero cuidado, hay que dar para luego pedir. Los aficionados piden porque más no pueden dar, el equipo debe dar más porque sabe que no puede pedir más de lo que tiene desde la grada. Esa conexión debe ser fundamental todo el campeonato y no debe haber ni una fisura que la rompa. Si eso falla, lo demás se desmorona.