X
domingo cristiano >

Para provocador de los buenos, Dios > Carmelo J. Pérez

   

Reconozco que de vez en cuando escribo y hablo para escandalizar. ¡Bah, poca cosa! Ya sabe mi sufrido lector, escándalos pequeños, de andar por casa, pensados en realidad para provocar la reflexión desde la perplejidad. Nada serio. Aunque me dicen que tengo a un compañero al borde del colapso con mis ocurrencias semanales.

Tranquilo, hermano, que yo también te leo de vez en cuando y se me pone el cuerpo igual de malo.

¿Lo ves? Si es que llevo la provocación en la sangre. Me salva que no soy un malintencionado y que voy de frente. Aunque, para provocador de los buenos, Dios mismo.

A las lecturas de hoy me remito. Es el mismo Dios quien coloca a las prostitutas (podría haber escrito putas, que también está en el diccionario) y a los publicanos por encima de quienes van tras él pero no buscan su rostro con sincero corazón.

Es decir, que en el Reino de los Cielos nos precederán los hombres y mujeres de mal vivir pero de buen sentir.

Ellos estarán más cerca de Dios que quienes se han partido el esternón a base de golpes de pecho sin que hubiera nada por dentro, sin que ese pecho albergara otra cosa que un corazón de piedra para amortiguar el impacto.

Con el crucifijo de oro encima, eso sí. Aquí sí puedo decir aquello de: “Yo no he sido”. Ha sido Dios quien lo ha dicho, y quienes vayamos hoy a misa diremos que este mensaje es su palabra.

No es tan difícil de entender, en realidad. Dios busca la autenticidad, más allá de las apariencias, que sólo pueden contentar a quien tenga una mirada tan estrecha sobre la vida y sobre la Historia que se contente con vivir como si el mundo empezara y acabara en él. Y de esos hay miles.

He visto yo decenas de miles. Todos hemos sufrido a unos cuantos.

Pero Dios es distinto. Dios es auténtico. Dios sabe de nuestra fragilidad y de nuestra capacidad para levantarnos.

Dios nos necesita conscientes de nuestra fragilidad y levantándonos. Y a quien así se conduce, le acompaña el Espíritu de Dios, aunque sus huesos reposen cada noche en un lupanar. Y a quien confunde a Dios con sus miserias, le acompaña el silencio y el sinsentido, aunque su osamenta descanse cada jornada en suelo sagrado.
Vivimos el momento de lo auténtico. Dios hecho carne es una provocación, un alegato definitivo a favor de la autenticidad en la vida. No hay tiempo para juegos, para apariencias, para perpetuar las costumbres que no conducen a nada y nunca han elevado a nadie a la presencia de Dios.

“Escucha, casa de Israel: ¿es injusto mi proceder?, ¿o no es vuestro proceder el que es injusto?”. Así se defiende Dios de quien, ¡encima!, le echa en cara su amor por lo verdadero.

El argumento de sus labios es una serena invitación a mirarnos con verdad por dentro. Si lo hacemos bien, allí descubriremos lo mejor y lo peor de cuanto somos. Y elegiremos. Y las palabras provocadoras de Dios serán nuestro consuelo.

Por cierto, también yo llevo un crucifijo de oro. Y a veces me quema en el pecho.

@karmelojph