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Parejas chamuscadas por el verano

   

Uno de cada tres matrimonios que ponen fin a su relación en septiembre lo hacen por el tiempo de convivencia en los meses de verano. | DA

ÁNGELES RIOBO | Santa Cruz de Tenerife

Tradicionalmente septiembre se asocia con la vuelta al trabajo y al colegio, pero en los últimos años el noveno mes esconde otro efecto secundario. Un tercio de las parejas que se separan en el año lo hacen justo después del verano. Al parecer, los rayos del Sol propios del periodo estival y tan beneficiosos para el organismo no sólo resultan nocivos para la piel si se toman sin cuidado, sino que también dejan a buen número de relaciones achicharradas tras el verano.

Según los expertos, que uno de cada tres matrimonios que ponen fin a su relación lo haga en septiembre responde principalmente a que el tiempo de convivencia con la pareja se intensifica en los meses de verano, llegando a incrementar, por tanto, el número de roces que durante el resto del año se han ido escondiendo bajo la alfombra.

La psicóloga del gabinete especializado en problemas de pareja Edusex, Ángeles González, explica que esta intensificación de las rupturas en septiembre coincide con la época de la depresión postvacacional. “El hecho de enfrentarse de nuevo a la rutina cotidiana y el echar de menos la vida veraniega puede desencadenar una separación”, asegura.

El resto del año, las parejas pasan menos horas juntas. Cada uno de los cónyuges está la jornada en el trabajo y cuando llegan a casa les apetece descansar y pasar de conflictos y discusiones -“lo cual no quiere decir que no los haya”, matiza González-, por lo que los problemas suelen quedar semisoterrados.

Sin embargo, durante el periodo vacacional, la pareja se relaja y se encuentra más tiempo junta. Es, precisamente, cuando hay tiempo para enfrentamientos y, según la psicóloga, “surgen los típicos pensamientos de a esta mujer no la aguanto o a este hombre no lo aguanto”.

En este punto, González aclara que las vacaciones no generan los conflictos sino que, simplemente, los saca a la luz, y avanza, además, que es cuando sale a flote el individualismo y algunas personas anteponen su deseo de descansar y de evitar problemas, a las necesidades de su cónyuge y, por tanto, de la pareja.

“En vacaciones reluce el egoísmo de cada persona y se repiten las situaciones en las que cada uno vela más por sus intereses individuales que por los otros y los de la propia pareja. De esta manera, el quiero estar tranquilo, no quiero problemas, no me molestes con tus cosas y el si me canso te dejo son el resultado de la sociedad individualista en la que vivimos”, subraya.

Las estadísticas apuntan a que los matrimonios y parejas que más se rompen en esta época del año son las que llevan menos de cinco o más de 20 años juntos. A este respecto, el abogado matrimonialista Cristóbal Corrales apunta que “también he observado un ligero pico a los 10 ó 12 años de unión”, según matiza.

A pesar del gran desembolso que efectúan las parejas con hijos en este mes y de que un divorcio cueste unos 1.800 euros en Canarias, Corrales advierte en septiembre un aumento notable de los divorcios y de separaciones tanto en parejas con hijos, como sin ellos.

Tras el verano, muchas parejas intentan poner remedio a la ruptura e intentan buscar ayuda para salvar su unión. “Quienes vienen aquí lo hacen precisamente porque no quieren romper”, recalca Ángeles González, quien explica que, por lo general, resultan las mujeres las que salen a buscar la ayuda psicológica para la pareja. “Primero, les atiendo individualmente para comprobar que ambos tienen buenas expectativas y, sobre todo, la intencionalidad de salvar la relación. En estas reuniones individuales identifico el origen del conflicto de uno y de otro”, aclara.

El siguiente paso son las terapias conjuntas donde la psicóloga intenta que sus pacientes se den cuenta de los comportamientos que están originando el problema, para salvar la relación.

“Hacemos muchas cosas con naturalidad sin ser conscientes de que molestan a nuestra pareja, o creyendo que las aceptan. Por otro lado, la pareja tampoco suele decir al otro lo que realmente le molesta”, afirma González, y destaca que, tras las terapias “algunas se salvan y otras no”.


Sexo y sol

Afirmaciones como que los latinos son más ardientes sexualmente o que en verano aumenta el deseo sexual, lejos de ser tópicos, están refrendados científicamente.

El culpable no es otro que el astro rey. El sexólogo Argelio González recuerda que el sol despierta el deseo sexual mediante la liberación de hormonas en el organismo, tales como la testosterona y favorecen la actividad de neurotransmisores como la endorfina y la serotonina, todas estrechamente relacionadas con el apetito sexual y la sensación de placer y bienestar.

El tópico de que los latinos son más ardientes sexualmente no lo es por ser algo innato, sino por las condiciones ambientales. De hecho, existe una gran diferencia en la frecuencia de la actividad sexual entre los lugares donde hay sol y donde hay menos horas de luz, como ocurre en el norte de Europa. “La diferencia es abismal por las hormonas”, sostiene el sexólogo Argelio González.

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“Mis consultas de terapia sexual aumentan un 30% en época estival”

La sexualidad es uno de los pilares fundamentales de cualquier pareja y tal vez la causa de que otro de los sectores que más denota el aumento de consultas en verano sean los sexólogos. De hecho, Argelio González, educador y terapeuta sexual de Edusex (en la imagen de la derecha), afirma que en verano aumentan sus consultas un 30%. “En el periodo estival es cuando más parejas vienen a nosotros en un intento de solucionar sus problemas”, precisa el sexólogo, quien añade que el aumento del tiempo que la pareja pasa junta hace aflorar los problemas sexuales que pueden acabar con la relación.

Tal y como hiciera la psicóloga Ángeles González, el sexólogo matiza que “cuando viene una pareja a consulta es porque el problema viene de atrás, no quiere decir que haya surgido en verano”. Ejemplifica que “una hombre que sufre eyaculación precoz desde hace tiempo, pero que durante el año practica sexo con su pareja solo una vez por semana, puede no verlo como un problema; sin embargo, el verano y el relax propician el aumento de la frecuencia de las relaciones sexuales, por lo que el problema se hace patente y cobra más importancia”.

González dice que la terapia sexual tiene un alto porcentaje de éxito. “A diferencia de la psicológica, va más allá de la consulta y se trabaja diariamente en casa por medio de actividades conjuntas que luego son evaluadas”, apunta, para añadir luego que se trata de actividades que favorecen la comunicación y el contacto de la pareja, “y un aumento de los momentos de calidad con masajes mutuos, etcétera, dependiendo del caso”.

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