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FAUNA URBANA >> POR LUIS ALEMANY

Parlamento escatológico

   

El ámbito doméstico de esta columna -pretendidamente metropolitana- permite contemplar, con cierta detención, la curiosa propuesta (al menos para quien la firma agnósticamente) de que la ciudad de Santa Cruz de Tenerife sea sede del Parlamento Mundial de Religiones, tal como anunciaba -hace unos días- este decano de la prensa canaria; una especie -piensa uno- de convención metafísica permanente, que traslade al territorio esprirual la compleja pluralidad política que propone la ONU, tratando de arbitrar -por lo común con muy escaso éxito- las diversas (cuando no radicalmente enfrentadas) concepciones del universo de los gobiernos internacionales que rigen los destinos de cada país: un Parlamento -en lógica consecuencia- que debería estructurarse en un más que difícil diálogo espiritual de ambiciosas pretensiones consensuales, que se contradice con la intransigencia prístina de todas las religiones, sustentadas en la imposición de una Verdad, con mayúscula, incontestable y absolutta, que -en lógica consecuencia- niega la pretendida verdad (ni siquiera leída -por ésta- con minúscula) de cualquier otra religión.

En cualquiera de los casos, no deja de resultar curiosamente significativa esta propuesta elección de Santa Cruz de Tenerife como sede de tal entidad, independientemente del escepticismo anteriormente manifestado a tal respecto; pues tal proposición pudiera constiuir un honor para esta ciudad (como para casi todas las de Archipiélago), ya que parece rendir homenaje a su inveterado cosmopilitismo intelectual, cuya reiterada, generosa y fructífera integración secular en su seno de multitud de razas, culturas e ideologías (para enriquecerse y enriquecerlas) trascendió -en todos los casos- a sus consecuentes territorios religiosos, que se desarrollaron en la isla públicamente (sin mayores cortapisas que las sucesivas legalidades vigentes) como ahora chinos, antes hindúes y mucho antes anglicanos; de tal manera que resulta hermosísimo -desde esta plural perspectiva- que la preciosa iglesia protestante de la plaza de los Patos se erija a cien metros de la capilla católica de las Siervas de María.

Sin embargo, y aun a pesar de esta democrática idiosincrasia chicharrera de acogida -antes comentada-, uno sigue desconfiando profundamente de la eficacia de esa sede del Parlamento Mundial de Religiones en la ciudad de Santa Cruz de Tenerife: no por ésta, sino por aquéllas; ya que la larga experiencia histórica demuestra que la convivencia -civilizadamente dialogante- de diversas religiones, en cualquier ciudad que sea, sólo es posible cuando todas las demás aceptan la supremacía de otra.