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Miguel González Santos*

Parlamento Mundial de Religiones

   

No hay duda de que los tiempos están cambiando, como muestra el botón del templo masónico de la capital tinerfeña. Tantos años perseguido, olvidado y cerrado para que de nuevo le llegue, ahora, su momento. No sé si la noticia de portada de DIARIO DE AVISOS del pasado miércoles les ha pasado desapercibida.

Sin embargo, creo que es de las propuestas más interesantes que haya conocido últimamente para movilizar la ciudad. La iniciativa, presentada al Ayuntamiento por la asociación de vecinos de El Toscal me parece extraordinaria.

Nada menos que convertirlo en Parlamento Mundial de las Religiones. Qué gran oportunidad sería para la capital y qué perspectivas de futuro, si se consiguiera darle carácter permanente a la propuesta.

Es decir, que la actividad parlamentaria de los credos se mantuviera en el tiempo como una indagación en continuidad generadora de debate social y de cambio.

Pocas cosas parecen estar más claras en la época que vivimos que la fuerte demanda ciudadana por un giro de timón en las estructuras y el modelo de nuestra sociedad.

Para los que no leyeron la noticia, el citado organismo internacional de las religiones se reúne en sedes itinerantes de grandes ciudades del mundo. Esta sería una oportunidad de oro para atraer hasta este territorio un debate tan definitivo, ahora mismo, como el propio destino del ser humano inmerso en la crisis que tan fuertemente azota a occidente.

Pocas revoluciones le quedan pendientes a la humanidad que no pasen por la revolución espiritual. La que devuelva al individuo el verdadero sentido de la vida.

Pese a los milenios transcurridos, la controversia sigue viva y, en nombre de credos y religiones, se sigue matando por Dios.

El mundo se divide, en estos términos, entre los que entienden al individuo como un ser trascendente y los que no.

Ríos de tinta y de sangre se han vertido para incrementar aliados de una u otra causa, haciendo perder al habitante de este planeta la más legítima de las verdades: la incontestable hermandad de nuestra especie. Esa gran certeza solo ha sido desdibujada a través de los tiempos por dudosos intermediarios y por intereses de grupo. Una hipócrita realidad que llevó a afirmar a alguien tan poco sospechoso de ignorante, como es el filósofo Carl Jung, que “las religiones están hechas para alejar al hombre de Dios”.

Hemos tenido que llegar hasta este punto para que nuestra experiencia vital forjada en la ignorancia y la intolerancia nos hiciera madurar hasta el extremo de no reconocernos ya en nuestros representantes religiosos o políticos.

Luego, nunca como ahora, es tan necesario aclarar y despertar a la verdad de si estamos dignamente representados.

En La Vanguardia de Barcelona lo comentaba este mismo jueves un prestigioso exégeta de los antiguos vedas, el maestro Parthasarathy: “El único placer real que da ganar algo es poder compartirlo. Lo descubre el vedanta desde hace milenios. Y de él bebieron Platón, Sócrates, Jesucristo y Mahoma. Y miles de maestros de todas las culturas. La cultura de la queja lleva a Occidente a la decadencia. Antes de quejarse de los demás, estúdiese y verá que el problema está en usted”.

* Remitido desde India | miguel_g_santos@yahoo.com