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Políticos cristianos > Ángel Llanos

   

Durante los últimos años la moda ha sido otra. La moda ha sido algo así como un laicismo obligatorio acompañado, todo hay que decirlo, por cierto complejo de los que no lo son. Cuando hoy en día, en cualquier charla entre amigos o conocidos, a alguien se le ocurre citar alguna reflexión en torno a la Iglesia, algunos “te miran raro”, como si estuvieras en otro planeta, como si fueras “un facha” retrógrado. Y ese éxito, sin duda, es mérito de Zapatero y sus altavoces. Ha conseguido bajo su presidencia que en España no se lleguen a quemar curas, como le hicieron a cientos de ellos (vivos, por cierto) durante la República, pero sí que tiene en su haber el que no se hable de la labor social de los católicos y sus organizaciones religiosas, que no se escuche el mensaje solidario de los cristianos (dando ejemplo, la mayoría de ellos), e incluso que se oculte una realidad incuestionable en nuestra nación, que no es otra que despedimos a nuestros seres queridos por el rito católico. La Ley del Aborto de Zapatero ha llevado en estos años a la pérdida de 840.562 vidas. Y muy poca gente cuestionaba los supuestos de violación, malformación del feto o riesgo vital para la madre; pero sí que es cuestionable, y rechazable, que el Estado en la segunda década del siglo XXI nos quite a los padres la patria potestad sobre nuestros hijos al permitir que una niña de 16 años pueda abortar sin autorización paterna.

No me cabe en la cabeza que los socialistas católicos hayan votado a favor de ésta y otras medidas que van claramente en contra de su fe. Eso demuestra, o bien que no creen en Dios y en el mensaje de Jesús, pese a que digan lo contrario, o bien que anteponen las directrices de su partido y sus intereses electorales a la defensa de la vida del ser humano indefenso, principio inviolable para todo cristiano.

Cosa similar ha sucedido con la Ley de Muerte Digna, que, de facto, ya se aplica en España aunque no esté aprobada. Es paradójico que ante la peor crisis económica que ha tenido nuestro país, con millones de ciudadanos sumidos en la preocupación o en la depresión, el Gobierno se dedicara a promover que la gente no naciera o que se muriera antes de tiempo. Aunque reconozco que, probablemente, el Ejecutivo socialista no haya estado motivado exclusivamente por razones ideológicas, sino también por una estrategia política basada en la búsqueda de cortinas de humo que ocultaran el crecimiento del paro.

Ramona Estévez (que en paz descanse) es ya un icono de la sinrazón. El Gobierno socialista (por poco tiempo ya, gracias a Dios) de la Comunidad Autónoma de Andalucía ha permitido que el hijo de esta señora decidiera si vivía o si la Administración la mataba. Todo el aparato del Estado se fió de la palabra de su vástago al afirmar que su madre había decidido que no la ayudaran a vivir (sin certificación alguna al respecto), sino que la ayudaran a morir. Y vaya si lo hicieron: murió de hambre y de sed, en una agonía de 14 días que tuvo que ser terrible, tras retirarle los políticos de la izquierda la sonda que la alimentaba y la hidrataba. Hay que reconocer que el candidato del PSOE a las elecciones generales del 20 de noviembre, en este asunto, no se esconde, pues Rubalcaba (perdón, el “señor” Rubalcaba como pide que lo llamen) ya ha anunciado que será la primera ley que apruebe de ser elegido presidente.

La familia debe ser el centro de la acción política. Y además, la familia tradicional. Del mismo modo, la defensa de la vida debe marcar la acción de los representantes ciudadanos. En el Partido Popular, sus estatutos (artículo 2) fijan claramente que su política se basa en la defensa de los principios y de los valores del humanismo “cristiano” de tradición occidental, por lo que sus miembros (sean creyentes o no) en buena lógica deben gobernar o hacer oposición conforme establecen sus estatutos.

En el Partido Socialista, muchos de sus miembros no ocultan su condición de católicos, independientemente de cómo viva su fe cada uno. En el caso de Coalición Canaria, hay que reconocer la labor de alguno de sus miembros, como el apoyo que ha hecho el Cabildo de Tenerife en los últimos años a todos los proyectos de organizaciones religiosas (y lo digo sabiendo que los obsesionados intentarán sacar lasca de esta reflexión).

Los ciudadanos quieren saber a qué atenerse con sus políticos, en todas las administraciones. Y no vale cobijarse a la sombra de unos ideales para obtener votos y luego no actuar conforme a lo previsto, como tampoco ser el primero en las procesiones para salir en la foto y renegar luego de la doctrina social de la Iglesia.
Lo que sí que es respetable, por supuesto, es renegar de todo ello; pero, eso sí, diciéndolo antes de la que gente vote, claro. Aunque ahora, tras casi 2.000.000 de personas en Cuatro Viento, quizás cambien las modas.

*Exportavoz del PP en el Cabildo de Tenerife y en el Ayuntamiento de Santa Cruz