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Profesores > Leopoldo Fernández

   

Vaya por delante mi respeto por el profesorado en general. Su labor en los distintos niveles de la enseñanza la considero impagable. Como transmisores de conocimientos, como forjadores de cultura, como labradores de buenos ciudadanos, reclamo para ellos toda la consideración que se merecen, ese respaldo social que tantas veces se echa de menos. Dicho esto, me parece que las protestas de estos días en institutos públicos -los concertados y los privados funcionan con normalidad- de una decena de comunidades autónomas no se tiene en pie. Y no se tiene en pie porque a los maestros no se les ha aumentado la jornada escolar, que sigue siendo de 37,5 horas semanales, ni se les ha rebajado el sueldo; simplemente, y de momento en la Comunidad de Madrid, se les ha añadido dos horas lectivas -pasan de 18 a 20-, que se restan de las actividades de otra índole: corrección de exámenes, reuniones con padres o alumnos, preparación de clases, celebración de claustros, etc. En los centros públicos las horas lectivas pueden llegar a 21, por 22 en la enseñanza concertada y 27 en la privada; además del tiempo lectivo, en la enseñanza pública la permanencia en el centro escolar es al menos de 10 horas, lo que suma en total 31 a la semana. Así las cosas, el mayor esfuerzo lectivo exigido a los maestros puede repercutir en la calidad de la enseñanza; pero su implantación obedece a la necesidad de ahorrar en la contratación de profesorado interino -unos mil maestros menos solo en Madrid- debido a las restricciones presupuestarias que, a causa de la crisis económica, empiezan en el propio Ministerio de Educación. Lo ideal sería no recortar nada, pero los tiempos son los que son y me temo que esto es solo el comienzo de lo que se nos viene encima. El que en estas circunstancias el profesorado se eche a la calle -e incluso convoque huelgas preventivas, como en Navarra- y deje a los alumnos sin clases me parece pura insolidaridad y un exceso sindical atribuible a razones políticas de fondo dirigidas seguramente contra el PP en las actuales cercanías electorales. Resulta patético que los profesores sufrieran un recorte salarial de al menos el 5% de sus emolumentos y los sindicatos no dijeran ni pío, y que ahora, en circunstancias extremadamente graves, se muestren desafiantes y, en vez de optar, en su caso, por otro tipo de protestas menos dañinas, priven al alumnado de su derecho a la educación. Si a ello se añaden algunas declaraciones políticas poco afortunadas, a cargo del ministro de Educación y la presidenta madrileña, se tendrá una idea del lamentable panorama que ofrece este comienzo de curso escolar en el ámbito de la enseñanza pública.