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Rubalcaba y los ricos > Ramón Trujillo

   

Se ha organizado un gran debate en los medios de comunicación de nuestro país que exagera las diferencias entre las propuestas de Rubalcaba y Rajoy, que oculta la responsabilidad de PSOE y PP en el deficiente diseño de nuestro sistema fiscal y que silencia las propuestas realmente alternativas.

Mientras que el PP se opone a subir los impuestos a los ricos, el PSOE les pide una contribución simbólica. Los 2.500 millones de euros anuales que recaudaría la propuesta del PSOE de las grandes fortunas y de la banca representan menos del 10% de los 28.000 millones de euros, que, según Alfredo Pérez Rubalcaba, se han dejado de pagar anualmente por los recortes fiscales de PSOE y PP, efectuados durante el primer decenio del siglo XXI.

Los 2.500 millones de euros que Rubalcaba quiere obtener de los ricos equivalen al 0,25% del PIB, o al 5,8% de los 42.711 millones de euros que supuso el fraude fiscal de grandes fortunas y grandes empresas en 2010. De los 2.500 millones de euros de Rubalcaba, 1.100 los aportaría la banca, una cantidad muy pequeña si la comparamos con los entre 3.500 y 7.000 millones de euros que, según la Asociación de Usuarios de Banca, Cajas y Seguros, cobraron de más los bancos a sus clientes el pasado año, a causa de las cláusulas suelo en las hipotecas.

En realidad, PSOE y PP dan por bueno el desmantelamiento parcial del Estado del bienestar y, por tal motivo, renuncian a resolver los problemas de nuestro sistema fiscal. Así, por ejemplo, mientras que en 2005 Hacienda obtuvo 31.722 millones de euros de beneficios empresariales que sumaban 164.497 millones de euros, para 2009 el Impuesto de Sociedades sólo fue capaz de recaudar 17.381 millones de los 175.156 millones en beneficios obtenidos por las empresas.

En 2009, las empresas pagaron por el Impuesto de Sociedades el 9,9% de sus beneficios, pese a que el tipo nominal del impuesto oscilaba entre el 25% y el 30%. Un estudio publicado por Funcas sobre la diferencia entre el tipo nominal y el tipo efectivo del Impuesto de Sociedades (la diferencia entre lo que se pagaría si no hubiera exenciones, deducciones, etcétera y lo que se paga cuando las hay) muestra que, entre 1995 y 2005, en la Unión Europea de los Quince el tipo efectivo estuvo 1,36 puntos porcentuales por debajo del tipo nominal y en España 10,4 puntos por debajo. Es decir, en nuestro país los descuentos acaban restando al Impuesto de Sociedades mucha más capacidad recaudatoria que entre nuestros vecinos.

Si el Impuesto de Sociedades hubiera recaudado el 20% de los beneficios a que es aplicable, el Estado habría obtenido más de 17.000 millones de euros adicionales, que, sumados a la recaudación del Impuesto del Patrimonio suprimido por el Gobierno del PSOE, habrían alcanzado unos 20.000 millones de euros al año, alrededor del 2% del PIB.

Y, por cierto, como recordaba recientemente el catedrático de Hacienda Ignacio Zubiri, el Impuesto de Patrimonio no gravaba a las clases medias, pues el 80% “fue pagado por el 20% de contribuyentes cuya riqueza […] superaba los 750.000 euros”.

El harakiri fiscal, a cámara lenta, de PSOE y PP nos ha debilitado enormemente ante la crisis. Y esto fue advertido hace tiempo. Por ejemplo, en junio de 2003, el entonces secretario general de Comisiones Obreras, José María Fidalgo, criticó que las dos rebajas del IRPF efectuadas por los gobiernos del PP (que supusieron más de 6.000 millones de euros menos cada año) atentaban “contra la estabilidad presupuestaria, que, de caer el ciclo, volará por los aires”. De 1993 a 2008, las bajadas del IRPF redujeron el 37,6% el tipo efectivo para las rentas más altas y un 8,4% para rentas de 30.000 euros anuales.

Un informe de la Comisión Europea criticó la política fiscal española durante la expansión del periodo 1995-2006 porque, entre el 50% y el 75% del incremento de los ingresos fiscales, era de naturaleza transitoria y vinculado a un auge inmobiliario claramente insostenible. Esta disparatada e irresponsable política fiscal de PP y PSOE ha hecho que España pierda con la crisis casi siete puntos de PIB en presión fiscal, frente a un punto en la Unión Europea.

Un debate sobre fiscalidad en nuestro país debe llevarnos a hacer propuestas ambiciosas en cuestiones relativas al fraude fiscal, la pérdida de capacidad recaudatoria por el mal diseño de una parte de nuestro sistema fiscal y un incremento de la progresividad que nos ayude a converger con la presión fiscal de la UE. Sin embargo, el debate Rubalcaba-Rajoy sobre fiscalidad es un no-debate porque comparten lo esencial. Parece un debate diseñado por los guionistas de Barrio Sésamo para reducir lo mucho que está en juego a un mensaje pueril: debes escoger entre Rubalcaba y Rajoy, ¿cuál te gusta más? ¿Cuál te parece más serio? Imaginemos a un cocinero antropófago que, antes de convertirnos en manjar culinario, nos preguntara: ¿cómo estarás mejor, al horno o a la parrilla? Está claro que, en democracia, elegir debe ser otra cosa.

*Coordinador de Izquierda Unida en Tenerife