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oleaje extremo> los vecinos recuerdan los peores momentos

San Andrés, en el ojo del huracán

   

El oleaje anegó las inmediaciones del castillo. / REPORTAJE FOTOGRÁFICO DE FRAN PALLERO Y JAVIER GANIVET

JESSICA MORENO | SANTA CRUZ DE TENERIFE

Aún se emociona cuando recuerda cómo el agua entraba dentro de su casa. “Éramos siete personas en la noche del lunes aguantando la puerta para que las olas no llegaran a la cocina”, asegura una vecina de San Andrés.

Teresa Coba de Jesús lleva toda su vida viviendo en una de las casas que da a la avenida marítima, precisamente en uno de los puntos débiles de la escollera. Aunque los pleamares de esta semana hayan sido especialmente fuertes, no son los únicos y explica que esta situación es un “sinvivir”. “Llevamos 60 años igual, porque tenemos miedo de que el mar vuelva a destrozarnos las casas”, matiza. “Hemos perdido de todo, desde ropa, sábanas, una compra que había hecho ese día y aún estoy esperando las ayudas de las administraciones de ocasiones anteriores”, explica. Además, afirma que aún sigue con miedo. “Anoche me desperté sobresaltada porque escuché el ruido de un coche y pensé que era otra ola”, narra.

El caso de Teresa es una de las cientos de historias personales que se encuentran en este pueblo tradicionalmente pesquero de la capital tinerfeña. Esta subida del mar que provocó diferentes inundaciones en el barrio esta semana es el último de muchos otros acontecimientos naturales que se han sentido especialmente en San Andrés. A lo largo de las últimas décadas han sido varios los fenómenos meteorológicos que han ocasionado pérdidas, destrozos y, sobre todo, mucho dolor, en los vecinos de esta localidad.

Aunque el más reciente haya sido el pleamar de esta semana, en la memoria de los vecinos de este pueblo hay muchos otros ejemplos, como la tormenta tropical Delta, la subida del mar de 1963 o las lluvias que se llevaron parte del Castillo. Pero sin duda, si en algo coinciden buena parte de los habitantes de San Andrés es en señalar como el acontecimiento que más daño ha hecho al barrio la riada del 31 de marzo de 2002, que anegó buena parte de este núcleo pesquero, causando innumerables destrozos. El barranco desbordado, casas inundadas o restaurantes evacuados son algunos de los recuerdos que trasmiten.

Las lágrimas inundan los ojos de Teresa cuando se acuerda de esta fecha, ni siquiera puede contar cómo vivió ese día. En cambio, Ceferino González , otro de los vecinos de toda la vida del pueblo, asegura que ha sido uno de los peores días que recuerda. En sus 67 años sostiene que ha sido el peor fenómeno que ha sufrido este pueblo, “pero no tanto por la cantidad de agua que llovía, porque en años anteriores se han visto lluvias más intensas, sino porque la canalización del barranco estaba mal hecha y no permitía que el agua saliera al mar”, sostiene. “Estaba en mi casa y de repente se empezó a inundar, como estaba operado de una rodilla pensé que me iba a ahogar porque no podía salir y tuve que romper una puerta”, cuenta.

Aunque sí el más fuerte por las consecuencias que acarreó, no es el único suceso que Ceferino ha vivido en sus 67 años en el pueblo. Así, asegura que salvo el pleamar de esta última semana, el más fuerte de todos tuvo lugar en torno a 1963 cuando los barcos llegaron a lo que hoy es el comienzo de la avenida marítima, a la entrada del pueblo. “Aún lo recuerdo porque vino un tiempo sur muy fuerte y estuvieron los barcos sin poder salir a pescar durante 17 días, casi nos morimos de hambre”, apostilla. “Salvo esta ocasión, nunca había visto una subida del mar tan fuerte y con tanto destrozo como el de esta semana porque antes subía el mar pero con la misma salían las olas, ahora en cambio, desde que hicieron la nueva carretera, como es más alta que las casas, el agua se queda encerrada, por eso es por lo que se producen los destrozos”. Sin duda, como mucho de los lagarteros (como popularmente se conoce a los habitantes de este pueblo), este vecino ha estado presente innumerables temporales de distinto tipo, como también el cado de la tormenta Delta. “Esta fue mucho más floja, en comparación con otras, porque el viento se llevó parte de las azoteas de las casas, pero no destrozó tanto”, asegura. Recordar que tras este fenómeno meteorológico, San Andrés permaneció alrededor de una semana sin electricidad en las viviendas.

Candelaria Morín es otra de las vecinas del barrio que ha sido testigo en los últimos años de todos los acontecimientos que han puesto en vilo a San Andrés. “Aunque a mí no me ha afectado directamente, al vivir en la ladera, sí que podía ver con impotencia cómo sufrían mis vecinos”. Como muchos otros de los residentes del pueblo, apunta al día de la riada del 31-M como uno de los peores. “Vi cómo el barranco se desbordaba, cómo se llevaban los coches y el agua se iba metiendo en las casas”. A pesar de todos estos negros sucesos en la historia del pueblo, destaca la solidaridad de sus habitantes, que siempre se han volcado en ayudarse.

Esta semana se ha vivido una de las peores pleamares en el pueblo. / REPORTAJE FOTOGRÁFICO DE FRAN PALLERO Y JAVIER GANIVET

Negocios cerrados

No solo las viviendas sufren las inclemencias del tiempo, sino también los negocios. Sobre todo aquellos ubicados en la avenida marítima, que se han visto obligados en los últimos años a cerrar en varias ocasiones al público. Un ejemplo es el caso de los hermanos Ramón y Óscar, propietarios de tres de los restaurantes del paseo. “Aún no hemos valorado las pérdidas de este último pleamar, y, de hecho, todavía no hemos podido abrir uno de los bares”, señala Óscar. “Este año ya llevamos tres subidas fuertes del oleaje pero la de esta semana ha sido la peor”.

Estos hermanos llevan invertidos varios millones en la mejora de sus establecimientos, de los que viven unas treinta familias, solo por los temporales acaecidos. “El Delta fue solo una anécdota si lo comparamos con el resto”, aseguran. “El más fuerte, sin duda, fue la riada, porque nos sorprendió a todos, y tuvimos nosotros mismos que ir desalojando a la gente que estaba comiendo”, explica Ramón. “Incluso, en uno de los establecimientos, la fuerza del agua arrastró un coche hacia la puerta y la taponó”, asevera Óscar. “Si esto llega a pasar ahora, en tiempos de crisis, no hubiéramos podido seguir adelante y hubiéramos tenido que cerrar”, apostilla.

El presidente de la asociación de vecinos del pueblo, Gregorio Reverón, reclama, para evitar más desperfectos por nuevos temporales o lluvias, el arreglo de los tres puntos de la escollera que se ha visto afectados. Además, sostiene que aún queda por resolver la canalización de un tramo del barranco.

La historia de San Andrés recoge un sinfín de tristes acontecimientos que se han cebado con sus habitantes, desde crecidas de barrancos, intensas lluvias o pleamares de gran fuerza. Lo que está claro es que, pese a ello, este pueblo no ha dado un paso atrás y sigue sobreponiéndose a su devenir.