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Alfonso González Jerez

Segunda fase

   

En las semanas ulteriores a las elecciones autonómicas José Manuel Soria intentó, infructuosamente, quebrar la unidad de Coalición Canaria para conseguir su investidura como presidente del Gobierno. El PP había ganado las elecciones y estaba en su perfecto derecho -y había anunciado que lo ejercería- de conformar una mayoría parlamentaria para conseguir su objetivo. Soria no lo consiguió, pero ha mantenido su estrategia. En medios coalicioneros se insiste en la política sucia que está practicando Soria. Pero la expresión “política sucia” es un pleonasmo. Los dirigentes de Coalición olvidan, entre otras muchas portentosas peripecias de los últimos veinte años, el origen de su invento: una moción de censura en 1993 que propinaron al entonces presidente del Gobierno, Jerónimo Saavedra, sin siquiera tomarse la molestia de abandonar previamente el Ejecutivo.

Lo que no consiguió de inmediato en el Parlamento lo intentan ahora Soria y sus conmilitones en los cabildos. Después de desplazar a Belén Allende, toca ahora articular una moción de censura en el Cabildo de La Palma, más ardua y compleja, pero en absoluto imposible. Asier Antona explica con su refinada astucia habitual a los socialistas palmeros que, si están dispuestos a censurar a Guadalupe González Taño, deben hacerlo antes de las elecciones generales de noviembre: un PP con una aplastante mayoría absoluta en las Cortes quizás sea menos sensibles a tolerar pactos con el PSOE en ningún lado. Tanto en El Hierro como en La Palma el mensaje a trasmitir a los gerifaltes de CC -y al margen de la gravedad de la pérdida de poder en las corporaciones para fuerzas de ámbito insular- es que la Presidencia de Paulino Rivero sale demasiado cara para la federación nacionalista. Sale a un precio prohibitivo, angustioso, ruinoso. Soria quiere deshacerse de Rivero, en fin, fomentando un malestar insuperable entre los menceyes nacionalinsularistas.

Lo peor para los coalicioneros es que carecen de cualquier margen de maniobra. Su desgaste electoral -desde 2007 perdieron su condición de primera fuerza parlamentaria- y el inminente contexto político nacional -con un PP próximo en zambullirse en una oceánica mayoría absoluta- lo atan al pacto con el PSC-PSOE. A menos, naturalmente, que cedan la Presidencia a José Manuel Soria. Pero si en esta situación el señor Soria es capaz de sacudirles así, desde la Presidencia del Gobierno, a buen seguro, dedicará la mitad de su tiempo a liliputizar al CC e instaurar un bipartidismo de aquí a la eternidad.