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...Y NO ES BROMA > POR CONRADO FLORES

Trabajos forzados

   

Hace casi 20 que la Asamblea general de la ONU, en la Convención sobre los derechos del niño, reconoció a los éstos como sujetos de derecho. Un avance social necesario, que se había ido gestando con lentitud casi un siglo antes. Entre esos derechos esenciales figuran algunos como el derecho a la “protección contra todas las formas de explotación”, a “la paz mundial” y a “vivir en armonía”. Los adultos no hemos podido hacer cumplir ninguno de estos tres derechos porque aún no sabemos cómo se hace. El derecho nº 2 del articulado hace referencia a su “derecho al juego”, de vital importancia para que todo niño desarrolle su inteligencia y su imaginación.

Pues hace pocas semanas tuvo lugar en Alemania un interesante suceso. Un niño de 11 años llamó al teléfono de emergencias de la policía para quejarse de estar sometido a trabajos forzados por parte de su madre. Según informó el menor, tuvo que tomar esta drástica determinación porque se vio obligado a ayudar en las tareas del hogar durante sus vacaciones escolares. Y ya se sabe: las vacaciones son sagradas. “Tengo que trabajar todo el día, ¡no tengo tiempo libre!”, manifestó al agente a través del teléfono. El agente, preocupado ante las sólidas evidencias de un caso de violación de los derechos del niño, pidió a éste que le pasara el auricular a su madre para poder contrastar su testimonio. La presunta maltratadora le explicó que su hijo se decidió a llamar a la policía después de pedirle que recogiera unos papeles del suelo. “Se pasa el día jugando y cuando se le pide que recoja sus juguetes, dice que es trabajo forzado“, añadió.

A día de hoy no sé si el caso está en fase de instrucción o si alguien le habrá dado ya al niño su primera cachetada, pero me planteo si no nos habremos pasado un punto con esto de la psicopedagogía infantil en los países ricos. Yo el 6 de enero le regalaba el libro Oliver Twist y el DVD de Raíces. En fin, debo dejarlo aquí: mi sobrina quiere usar el ordenador.