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Un estado del Bienestar necesario > Antonio Alarcó

   

Las necesidades que acuciaban a la Europa que dejó la Segunda Guerra Mundial, terminaron por hacer que los estados modernos y democráticos se replantearan un modelo de convivencia que garantizase, mediante un pacto social, la cobertura de las necesidades elementales de los ciudadanos. Se esbozaba así el estado del Bienestar, con precedente en el Despotismo Ilustrado del Siglo XVIII.

Países como Gran Bretaña, Francia o la entonces República Federal Alemana, ante las altas tasas de desempleo, pobreza y analfabetismo, reforzaron las leyes de protección del trabajador. El Estado asumió nuevas competencias en el ámbito de la sanidad, la educación y la seguridad, y se blindaron pensiones y prestaciones sociales que dieron lugar a un periodo nunca antes visto de respeto hacia la dignidad y los derechos humanos.

El sistema se ha extendido a casi todos los países democráticos -lamentablemente, aún hoy la minoría- y sigue vigente, convertido en una Sociedad del Bienestar, en la que tienen que convivir actividad privada y pública. Se asienta en la confianza, en la legítima seguridad del ciudadano de ver garantizados unos mínimos para poder desarrollar un proyecto de vida. Más de sesenta años después, España, como casi toda Europa, asiste a una recesión económica de complicada resolución, que requiere replantear la viabilidad del sistema. Ya es ilógico suponer que habrá de todo para todo y durante todo el tiempo -una irrealidad que griparía todo el mecanismo-, y ante la seguridad de que Papá Estado no es ilimitado, y que cada prestación conlleva un coste, comienza a primar el concepto de cartera de servicios.

La crisis se agudiza, y junto a los cuatro grandes pilares del sistema -empleo, sanidad, educación y cobertura social-, una de las cuestiones que más inquietud despierta es el futuro de las pensiones. Cuando la caja de la Seguridad Social entra en quiebra tras una mala gestión del fenómeno migratorio y de las políticas para mitigar el desempleo, anunciar parches a corto plazo para contentar a los Organismos Internacionales no es lo que necesitamos.

Mientras otros países han fijado la preservación del estado del Bienestar como máxima prioridad, reformando su legislación para afrontar a la crisis, en España, Zapatero no solo minimizó el problema, sino que incluso lo negó. Ahí tenemos el ejemplo de Grecia, que anuncia 30.000 despidos de funcionarios y un recorte a las pensiones para cumplir con el déficit requerido por la Unión Europea.

Es necesario volver a articular ese pacto social, y el Partido Popular estará en condiciones de abrir un proceso de diálogo y posterior consenso que garantice las bases del estado del Bienestar. Más de ocho millones de pensionistas y cinco millones de parados merecen que tomemos medidas.

Y lo primero es volver al crecimiento que fuimos capaces de generar entre 1996 y 2004, conscientes de que los ciudadanos son capaces de aportar lo mejor de sí mismos cuando tienen el marco legal adecuado.

Hay que apoyar el empleo, la mejor política social que existe, y al emprendedor que desea sacar rendimiento a nuestro potencial productivo, descargando al Estado y a la Seguridad Social de costes que no puede asumir. Trabajaremos también en reformar en profundidad la Administración, moderando gastos superfluos para poder invertir en empleo y en políticas para las familias y las microempresas.

Hablamos de austeridad, de reformas, pero también de mantener lo que tanto nos ha costado a todos conseguir: nuestro sistema de pensiones y su Fondo de Reserva, una sanidad pública puntera y un sistema educativo de calidad, basado en el concepto de I+D+i+d.

Y es fundamental que en una sociedad democrática y competitiva los ciudadanos sepan perfectamente qué va a hacer su gobierno, y de qué manera va a gestionar los fondos de que disponga, asociando cada política fiscal a una política social, conscientes de que reformar no es recortar, sino mejorar.

La seguridad y la confianza la dan las políticas adecuadas y una idea clara de país, de Estado.

Ahora más que nunca, podemos estar seguros de que el Partido Popular sabrá administrar correctamente y con responsabilidad estos principios.

*Portavoz del grupo popular en el Cabildo de Tenerife y senador por la Isla