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Santa Cruz

Un mercadillo bien anclado en la Recova

   

A pesar de que el domingo no fue un día especialmente transitado, el Rastro capitalino logra jornadas de hasta 15.000 visitantes en la avenida de José Manuel Guimerá. / SERGIO MÉNDEZ

TINERFE FUMERO | SANTA CRUZ DE TENERIFE

“El Rastro de Santa Cruz de Tenerife está en el mejor sitio para todos”. Es Paco, un comprador ocasional que frisa la cuarentena, quien resume el sentir general que se respira en el mercadillo capitalino, donde ayer este periódico tomó el pulso a la posibilidad de un cambio de emplazamiento.

El resultado de la consulta fue abrumador: la totalidad de los cuestionados rechaza siquiera tal chance, aunque cada uno apunta un motivo para apostar por continuar en la zona de la Recova.

Esta abrumadora negativa al cambio se argumenta desde la reflexión de Quique, que vende ahora en el Rastro productos propios del mercadillo de toda la vida después de que la crisis cerrara su negocio: “Si Fedeco [por la organización de comerciantes] plantea mudarnos es porque hay gente que trae aquí las cosas de sus negocios y no pagan impuestos, pero no creo que tengan nada contra los del Rastro de toda la vida”.

También la negativa halla razones en la rentabilidad, como apunta Luisa, una pudorosa empleada de un local cercano que recuerda que el Rastro “da vida a toda la Recova: por eso abrimos los domingos y hacemos buena caja. Sin mercadillo, cerraría más de un negocio”.

Cualquier reclamo sirve si atrae a un posible comprador. / S. MÉNDEZ

Como no podía ser de otra manera, la tradición surge también como otra razón para el no. Así es el caso, curiosamente, del debutante Jonathan, al que avala su amigo Igor [joven empresario que explota una pista de patinaje en el Norte]… y el hecho de que su madre -“vendedora de toda la vida”- siempre le dice: “Como aquí no hay otro sitio: es el mejor para todos. Está más que demostrado”.

Incluso, esta negativa caleidoscópica cuenta hasta con el criterio de autoridad: la de aquellos que cierran filas tras su representante. Es el caso de Pepe, toda una institución del mercadillo con más de cuatro décadas de venta a sus espaldas y cuyo puesto, todo un despliegue de singulares artefactos donde se encuentra desde el quemador de la cocinilla que te falta hasta un compresor, avala sobradamente.

Para Pepe, la cuestión es sencilla y así lo proclama: “¡Mientras Carmita [Carmen Tejera, presidenta de la Asociación de Comerciantes del Rastro de Santa Cruz de Tenerife] siga ahí, el Rastro no lo mueve nadie de sitio!”.

Nieves, artesana que desde hace tres meses pone a la venta unas tejas decoradas con esmero, aporta a la negativa esa visión de conjunto, tan contundente como extendida: “En Santa Cruz siempre quitan lo bueno que tienen”.

El colofón lo pone Juan Antonio, el de los puros, a quien respalda la sabiduría del observador: “Cuando empieza la campaña siempre dicen que van a cambiar el Rastro de sitio. Al final, cuando las elecciones ya están muy cerca, hacen una reunión y dicen que se queda aquí”.

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Mercadillo vs. comercio: el debate latente

Resulta evidente que el Rastro de Santa Cruz de Tenerife dista mucho del que hace cerca de treinta años paraba por la avenida de Anaga, nutrido entonces profusamente por vecinos dispuestos a ganarse unas pesetas con objetos de casa. Ahora, la regulación es mayor y los 62 euros de licencia anual otorgan unos beneficios de emplazamiento, limpieza, etc. antaño desconocidos.

Sin embargo, con la modernidad también han proliferado los puestos ajenos a la vieja tradición, ya sea la referida casera o la aún más clásica, la del charraneo que se nutre de sobrantes, de donaciones y hasta de la basura para rescatar objetos que solo en un rastro se pueden adquirir.

“Hombre, si quieres vender un cojín con Bob Esponja de todo a un euro para eso están los locales: aquí sólo deberían dejar vender al que se curra el Bob Esponja y luego lo cose al cojín y se lo rellena también como mejor entienda”, lamentaba ayer un vendedor afín al mercadillo tradicional.

Por contra, resuena la lapidaria sentencia de la propia presidenta de la Asociación de Comerciantes del Rastro de Santa Cruz, Carmen Tejera, en la edición del DIARIO DE AVISOS del jueves: “Hay que dejar vivir a la gente, porque no se puede prohibir a las personas el derecho a ganarse la vida”.

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