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Un par de soles > Rafael Alonso Solís

   

Aunque no es el primer caso observado, acaba de anunciarse el descubrimiento de un planeta que orbita en torno a dos estrellas, es decir, de acuerdo a lo que se denomina en astronomía un sistema binario. Un planeta con dos soles, al fin y al cabo, por seguir la terminología de los medios, más cerca de la contraposición literaria y primigenia entre el uno y el dos. Uno no sabe si esa forma de expresar tales asociaciones es el resultado del orden seguido en la generación de los números naturales, o si responde al imaginario popular, siempre dispuesto a relacionar las individualidades con parejas añadidas y, en ocasiones, en forma de atributos colgantes. Así, buena parte de las acciones reseñables de las personas humanas son avaladas, justificadas o reforzadas, por el hecho de haber sido hechas con un par, y en el lenguaje popular existen numerosas referencias al poder inherente a la presencia de dos tetas, y jamás de cuatro, lo que podría ser merecedor, al menos, de mención puntual o, incluso, de estudios académicos de mayor alcance. Porque, si bien el par hace referencia habitual a los genitales -indudable pareja madre de las cosas-, cabe pensar que esos pares totémicos puedan ser también otros objetos inanimados, grandes o pequeños, lejanos o próximos, brillantes como las estrellas, pálidos como las lunas, o multicolores como los universos. Es de suponer que las asociaciones binarias comenzarán con los primeros cálculos de nuestros antepasados sumerios, acadios y babilónicos, pero es menos evidente el carácter casi obligado de las dualidades explícitas que seguimos utilizando para explicar el mundo y sus manifestaciones. Según le ha ido a la humanidad, se ha hablado de dioses y diosas, del ying y el yang, del bien y el mal, del lado femenino y masculino de las cosas, de las dos caras de Jano, o de la permanente disputa entre Eros y Tanatos. Lo que lleva a pensar que no está claro si tales emparejamientos son el resultado de la necesidad de que cada opuesto encuentre a su complementario para poder ser reconocido, como les ocurriera a Joselito el Gallo y a Juan Belmonte, en el ámbito de las artes complejas y mistéricas, o a Ramón y a Cajal en el de las ciencias -anote el lector, como distracción intelectual de poco desgaste, la relación de otras parejas significativas para la historia-, o si todo refleja una realidad innata, cuya explicación final reposa en el fondo del espejo.