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Un pueblo que mira el futuro sin complejos

   

Playa de San Juan está abrigado por el muelle y formado por calles bien estructuradas. / MOISES PÉREZ

NICOLÁS DORTA | GUÍA DE ISORA

Playa de San Juan tiene, probablemente, el mejor clima de Europa. Suave es la noche, y una ligera brisa, sobre todo en invierno, mantiene los días soleados sin demasiado bochorno, con algo más de veinte grados de media. Las gentes de medianías bajan a refrescarse en verano, y en invierno el pueblo vuelve a la normalidad.

La remodelación de la zona de baño y el paseo ha supuesto un cambio para Playa de San Juan, que parecía en un pasado condenada al anonimato por la falta de inversión y la propia idiosincrasia de una costa isorana de espaldas al turismo, que se inició con el hotel de cinco estrellas en Abama. En el futuro habrá de todo: espacio para los turistas, pero también para la pesca y la agricultura. Pese a que no se ha logrado una playa que resista a los caprichos de la marea, pues pierde arena, sí se ha conseguido que la gente vuelva a bañarse en ella. Los vecinos disfrutan del entorno y da la sensación de que lo mejor está por llegar.

Abrigado por un muelle pesquero, sustituto del viejo muelle, ahora con sillas y plataforma para los adolescentes, Playa de San Juan mantiene su estética con dignidad. Toda esta bahía forma un lugar agradable para pasear al atardecer, tomar un aperitivo en cualquiera de las cafeterías y restaurantes que completan la avenida del paseo, cuyas olas baten desde el mar abierto, y acaban paralizadas por los prismas del muelle.

Muelle viejo

Allí, en la punta siempre hay algún pescador incansable. Los niños suelen disfrutar con sus pequeñas cañas y también van a jugar a La Baja, una piedra pegada al muelle viejo, que flota como una isla. Antes estaba rodeada de fulas que picaban el musgo, pero ahora han desaparecido, como casi todos los peces que ya no viven en las playas. Los únicos que parecen resistir son “las lisas”, grandes y acostumbradas a la presencia de niños y mayores. Pero el pueblo no sólo es mar. También hay gran variedad de negocios, comercios, apartamentos-viviendas y la zona residencial de Las Salinas, donde también está el colegio. En el centro, la iglesia, la parada de taxis, la panadería, supermercados, bancos, bares. También está el centro de Creación Joven y el Centro Cultural, dos de las obras más recientes que dan más vida al pueblo. El nuevo consultorio médico, una de las obras más demandadas, presta servicio tras años de retraso.

Como en Alcalá, la gente antes en Playa de San Juan vivía o de la mar o de la agricultura. No había otra cosa, y mucho menos imaginar que los extranjeros se iban a interesar por vivir allí o visitar la playa. Grandes fincas rodeaban, y aún lo hacen, al pueblo, atravesado por la carretera de la costa, que une el cruce de de Adeje con Los Gigantes.

Pero en Playa San Juan hubo un negocio singular: la fábrica de conserva de pescado, “que dio de comer a mucha gente”, dice el presidente de la asociación de vecinos San Juan Bautista, Antonio Magdalena. Esta persona, que cumplirá en breve 60 años, se crió entre el intenso olor del atún en Alcalá donde trabajaba su padre en una fábrica similar. Allí obtuvo su primer sueldo: 5 pesetas. La de Playa San Juan se llamaba La Rajita, ubicada cerca de la orilla, alejada del pueblo, para evitar que el olor a pescado perenne llegase a las casas. En esta fábrica, cuyas ruinas todavía se divisan tras pasar el viejo horno de la cal, se calentaba el pescado, se pelaba y se dejaba en aceite de oliva un día. Luego se enlataba y de viaje a la Península.

La conservera

A veces había que descartar alguna conserva , estropeada por un trozo de pan o galleta que entraba en la lata, dice Magdalena. Con los años, este negocio fue fallando: “Los jefes se fueron haciendo viejos y los jóvenes no quisieron continuarlo”, comenta al presidente. Añade que vive ahora en un pueblo tranquilo. “Antes había demasiada gente de todos sitios pero la crisis ha servido para regular”, explica. Para este colectivo vecinal hace falta más limpieza en el pueblo, y hoteles que no sólo sean de cinco estrellas. “Los clientes de lujo no se adaptan al pueblo, no compran donde nosotros lo hacemos. Habría que bajar un poco el nivel y pensar en un turismo más integrado”, comenta el presidente del colectivo San Juan Bautista, quien dice que la política es “para los que viven de ella”.

Magdalena no se considera apegado a ningún partido, aunque deja claro que no es socialista. En Playa de San Juan hizo su vida. Trabajó de mecánico, se casó, tuvo hijos. Ahora, preside la asociación “para que las cosas se vayan haciendo poco a poco, lo que demanda la gente. Aquí tenemos las puertas abiertas”.

Cerca de la fábrica está el horno donde se hacia cal “para desinfectar las tierras”. También ha dejado de funcionar. El pueblo celebra sus fiestas a inicios de agosto. Hay fuegos artificiales. La plaza se llena de gente. Enfrente sirven cañas y tapas de pulpo Antonio León Socas y Consuelo Morín, los dueños del bar Carla, un clásico del paseo. Empezaron cuando no había nada, ni acera. Ahora, la realidad del barrio es bien distinta.

Cristo Jiménez, presidente de la Cofradía de Pescadores Nuestra Señora de La Luz. / N. D.

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Los pescadores salen adelante

En el entorno del muelle está la Cofradía Nuestra Señora de La Luz, se descarga a diario el pescado capturado y se reparan las clásicas embarcaciones

Alrededor de veinte barcos conforman la Cofradía de Pescadores Nuestra Señora de La Luz, sita en Playa de San Juan, y que, igualmente, engloba a los pescadores de Alcalá. En el entorno del muelle nuevo se reparan las embarcaciones de madera, se sacan del mar cada cuatro meses para darles una mano de pintura, lijarlas, dejarlas secar y vuelta al trabajo. “El barco nunca es viejo, el pescador le puede sacar el partido necesario siempre que quiera conservarlo”, explica el presidente de los pescadores, Cristo Jiménez.

En Cofradía se comen sardinas fritas. Los trabajadores hablan entre botellines de cerveza. Acaban de llegar de la mar tras estar toda la noche buscando caballas, sardinas y chicharros. “El pescado va a la luz; iluminamos la mar. Yo salgo por la noche y vengo por la mañana”, explica Cristo. Mientras, en el muelle se descarga la mercancía. Justo al lado hay atracados dos barcos de acuicultura que llevan meses paralizados. Este sector no pasa por sus mejores momentos y, encima, ocupa sitio para la carga y descarga. Llega la época del atún. En un contenedor frigorífico se acumulan cientos de albacoras para vender. Una empresa de conservas compra este pescado recién salido del agua. Todo en el muelle es negocio y, de momento, “se vive”, dice Cristo. El presidente de los pescadores está de acuerdo con que se construya el Puerto de Fonsalía, donde habrá una parte destinada a ellos, con locales acondicionados. “El puerto va a suponer sin duda un cambio para la vida de este pueblo”, dice Cristo Jiménez. Y es que esta infraestructura tendrá una parte comercial de ferries y cruceros, otra deportiva para lanchas, más la zona pesquera. También se contemplan locales comerciales y el Ayuntamiento quiere que existan locales de ocio. Este proyecto lo tramita actualmente el Gobierno de Canarias y ya salió a información pública, aunque habrá que esperar unos años para la financiación y la autorización.

A pocos metros de la Cofradía de Pescadores se encuentra la Escuela Municipal de Vela de Playa de San Juan. Alejandro Cabrera es su director. Recibe una media de 20 a 25 niños por día en cursos de iniciación y tecnificación. “El deporte de la vela tiene que conocerse cuanto más joven mejor”, comenta Cabrera. La Escuela de Vela también imparte jornadas para discapacitados, con cursos adaptados en piragua. Asimismo trabaja con el turismo y con particulares que quieren aprender a navegar.

Enseñanza marítima

En Playa de San Juan el viento no es demasiado intenso y, por lo tanto, es una buena zona para aprender a manejar uno de estos barcos. “Estamos en un buen sitio y en un buen momento, creo que aquí hay futuro”, dice el director de esta escuela.

A pocos metros, un barco de pesca acaba de llegar. El patrón se entretiene con unos niños que intentan coger un pulpo. Al lado se encuentra atracada la embarcación de Salvamento Marítimo. Una familia belga lanza la caña desde lo alto del muelle. El marido está en paro, cuenta. Su mujer prepara la carnada mientras enciende un cigarrillo. Al lado está el suegro en una silla plegable. Su paga trae ahora el dinero a casa. Los niños siguen intentando coger el pulpo.

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