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Una valiosa ayuda en la información > Manuel Iglesias

   

L o que sucede en El Hierro con los movimientos sísmicos que se suceden desde hace algún tiempo lleva a la reflexión de cómo las fuerzas naturales nos ponen a los humanos en nuestro sitio de relativa importancia y nos bajan del pedestal de la presunción del dominio del entorno.

La realidad actual es de impotencia ante unos acontecimientos que se van a desarrollar según quiera la naturaleza y ante los cuales sólo cabe “esperar a ver” y elaborar una estrategia de prevención de los daños, pero sin influencia en evitarlos. Obviamente, no es culpa de nadie, sino eso, las fuerzas naturales que nos recuerdan que somos un débil colectivo que apenas nos movemos en la superficie de un planeta que sigue siendo una inmensa masa magmática de inimaginables proporciones y efectos.

En estos momentos, las acciones principales son las de observación e intento de evaluación lo más certera posible de la marcha de la situación, un aspecto en el que los expertos y científicos están realizando una labor encomiable de ayuda a la sociedad canaria, para mantenerla informada, que es el mejor antídoto a las alarmas infundadas que se producen allí donde falta el dato veraz.

Donde no hay información aparece el rumor, casi siempre falso o de verdades a medias, que en muchas ocasiones lleva a adoptar decisiones erróneas, en función de unos comentarios que también están equivocados. Por eso es muy valiosa la aportación que están realizando los departamentos técnicos en Canarias, algo que quizás no resulta tan loable en algunos de los “expertos” peninsulares que se pronuncian en medios de comunicación nacionales, como un afamado divulgador científico que se empeñaba en hablar del Teneguía como “la última erupción volcánica en El Hierro”, confundiéndola con la sucedida en La Palma y adjudicándola reiteradamente al volcanismo herreño. Si todo lo que cuenta es así, están aviados sus oyentes. El siguiente paso fundamental ha sido el de la divulgación general de las medidas de precaución que se deben adoptar y que pueden resultar innecesarias, pero que conviene que la gente las tenga en cuenta, no sólo en El Hierro, sino en todas las Islas, donde nos falta un conocimiento más amplio y detallado de lo que se debe hacer, el lugar al que dirigirse y lo que se debe tener a disposición inmediata para cualquier incidencia que se pudiera producir, no ya de carácter sísmico, sino lluvias torrenciales o un gran apagón en la ciudad, como ha ocurrido en alguna ocasión en Santa Cruz.

De momento, todo el suceso se mueve en la incertidumbre, pero al menos está dejando detrás la percepción social de la necesidad de conocer medidas de precaución, lo cual, más allá de la imposibilidad de control de esas fuerzas naturales, sí que puede dar mayor seguridad si infortunadamente llega el caso.