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Vides de siempre y para siempre

   

ESTEBAN DE ARMAS | LA LAGUNA

Solo en muy escasas ocasiones el resultado del, por lo general, tedioso proceso de investigación consigue llegar a sus destinatarios con transparencia y despertar el interés como ha hecho el equipo de la investigadora Inmaculada Rodríguez, del ICIA, al presentar el resultado de sus estudios sobre el patrimonio vitícola de Canarias.

La exposición en el exconvento de Santo Domingo de La Laguna puso en conocimiento del sector productor y de cuantos se interesan por el mundo del vino los trabajos que se han desarrollado para completar los estudios sobre las variedades de vid que existen en Canarias. La colección y los trabajos que con absoluto rigor y especial dedicación realizó desde los años 80 el investigador Eladio González han contado con la debida continuidad, apoyo y potenciación, y con ello, se ha podido completar la colección que, ampliada, mantiene el citado organismo y de la que cabe señalar como notas más sobresalientes que existen unas 50 variedades que se encuentran actualmente en peligro de extinción, ampliándose el registro de partida en otras 29 variedades.

El director científico del ICIA, Manuel Caballero, expresó la satisfacción que supone transferir resultados y con ello confirmar la voluntad y vocación de servir al sector por parte de la institución que representa. Recordó que el proyecto Caracterización, identificación y unificación de las colecciones de variedades de vid de Canarias está financiado por el INIA en el proyecto Agricomac Mac1/CO74 para la Transferencia de Tecnologías al Sector Agrícola de la Macaronesia, liderado por Asaga, y en el que participan los cabildos de Tenerife y La Palma, junto a asociaciones e instituciones de Azores y Madeira, y el programa Vitis Mac/3/C197, que se extiende a Cabo Verde.

Sobre las mesas se ofrecía la atractiva muestra de uvas, en elegantes copas, junto a sarmientos de la vinífera Chasselas cioutat.

Las bayas, recogidas dos días atrás, permitían valorar los principales descriptores estudiados: colores, textura, formas…, y en especial el sabor. El cóctel, con la genialidad de Rogelio Quintero, permitió abordar aspectos que marchan íntimamente unidos a la muestra. Entre los asistentes se insistió en el alto riesgo por el que atraviesa el patrimonio presentado, ante la escasa y casi nula protección fitosanitaria, y en conocer el potencial enológico de cada variedad.