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20-N: nacionalismo progresista > Román Rodríguez

   

A nadie se le esconde la trascendencia de las próximas elecciones generales de este 20-N. Unos comicios que casi con toda seguridad supondrán la alternancia en el Gobierno central, como señalan reiteradamente todas las encuestas que anuncian un abismo entre la intención de voto entre los dos grandes partidos estatales a solo un mes de la cita con las urnas; un triunfo claro del PP que no se verá afectado, siquiera, por el más que positivo anuncio del fin de la violencia de ETA, abandono de las armas en el que Rubalcaba y Zapatero tienen su parte de mérito.

Se trata de unos comicios atravesados por la crisis económica y por la grave situación del Estado español, con casi cinco millones de parados, una economía estancada y sometida al ataque de los mercados y de las agencias de calificación. Ataques que no se han aplacado tras la reforma constitucional para establecer un techo de gasto a las administraciones públicas.

Esta negativa situación económica es la que determina en gran medida las malas expectativas electoras del PSOE, pese a su intento desesperado de revertir la situación cambiando de candidato y planteando un programa con tintes más socialdemócratas que la actuación del Gobierno del que ha formado parte Rubalcaba.

Y son precisamente esas políticas del Gobierno de Zapatero en los dos últimos años las que acentúan aún más la enorme sangría de votos, en este caso por su izquierda, ante un electorado perplejo ante la aplicación de recetas neoliberales por el Ejecutivo del PSOE. En definitiva, el PP de Rajoy va a triunfar más por los deméritos del PSOE que por sus virtudes.

Canarias

La crisis presenta peores perfiles en Canarias. Con una elevada destrucción de empresas. Con casi un 30% de paro EPA (nueve puntos más que la media estatal). Con una enorme deuda de las familias. Con elevados índices de morosidad. Y con unas más que oscuras perspectivas de la salida de la actual situación económica, como hemos podido comprobar con el leve impacto de las buenas cifras turísticas de 2011 en la creación de empleo.

Para que ello ocurra, para que esta comunidad rompa su estancamiento económico, es imprescindible que se articulen políticas estatales para la comunidad con más problemas. Y que pasan, en primer lugar, por el cumplimiento de los derechos de esta tierra, en asuntos que van desde el cumplimiento del REF, situándonos en la media de las inversiones públicas del conjunto de las comunidades autónomas, a modificaciones en la injusta financiación autonómica que nos castiga con 545 millones de euros anuales menos que la media española durante una década. Y el desarrollo de un auténtico plan de choque para reactivar la economía y el empleo.

Frente al actual estado de cosas en nuestro Archipiélago, para tratar de influir en la modificación de tan dura realidad, se presentan dos opciones reales en las inmediatas elecciones generales.

Sumisión

Una, la de los dos grandes partidos estatales, PP y PSOE, que durante décadas han demostrado su total sumisión a los aparatos centrales de sus organizaciones, sin apenas capacidad de autonomía y sin logros efectivos para Canarias. Cabe recordar, para ejemplificar lo que señalo, como en 1996 Bravo de Laguna, entonces presidente del PP en las Islas, incluyó en el programa electoral con el que ganaron aquellos comicios una rebaja del 25% del IRPF para los residentes en Canarias. Posteriormente, el ministro Rato envió esa propuesta electoral, ese contrato con los ciudadanos, a la papelera: donde manda capitán no manda marinero.

La otra opción es la que representamos los nacionalistas, el acuerdo entre Nueva Canarias y Coalición Canaria, Unidos por Canarias con un programa diseñado en, desde y para el Archipiélago. Un programa que pide el cumplimiento del REF, especialmente del artículo 96 de la Ley 20/1991, que establece que las inversiones estatales no sean inferiores al promedio del conjunto de las Comunidades Autónomas; y que plantea que en su reforma se priorice la búsqueda de mecanismos para mantener el tejido empresarial canario, conservar el empleo existente y crear nuevos puestos de trabajo.

Que exige un Plan Canarias de verdad, no un conjunto de promesas sin ficha financiera. Dotado con un mínimo de 1.000 millones de euros anuales adicionales; centrado en actividades estratégicas: mejora de puertos y aeropuertos, telecomunicaciones, fomento del transporte público e introducción del sistema ferroviario, energías renovables, infraestructuras científicas y parques tecnológicos, renovación de las ciudades turísticas -con un Plan Renove para nuestro principal motor económico que posibilite la rehabilitación y la diversificación turística, así como la formación de sus trabajadores; similar al planteado por el Ejecutivo central para afrontar la crisis en otros sectores sensibles de otras comunidades, como sucedió con el sector del automóvil. Con inversiones, asimismo, en infraestructuras educativas, sanitarias, sociales y vivienda.

Que defiende consecuentemente unos servicios públicos de calidad, pilar del Estado del Bienestar; elementos esenciales, como la educación, la sanidad o los servicios sociales, de una sociedad más cohesionada y más justa.

Que recoge imprescindibles reformas institucionales, como las que afectan al Estatuto de Autonomía o a nuestro sistema electoral. Que apuesta claramente por la progresividad fiscal. Que exige el mantenimiento de las ayudas para las personas desempleadas.

Un programa, en definitiva, centrado en la economía, el empleo y la cohesión social, que responde al interés general de la gente de nuestra Comunidad. Un programa de contenidos claramente sociales y de progreso.

Progresismo presenta también en las propias candidaturas de CC-NC que, junto a personas de un perfil nacionalista más conservador, integran en sus primeros puestos en las islas orientales al Congreso y al Senado a otras con una larga trayectoria en opciones de centro izquierda, como Marcial Morales, Pedro Quevedo, Sebi Nuez, Manuel Lobo o Paco Santiago. Situación que también se da en algunos lugares de salida en las occidentales, conformando unas candidaturas muy plurales y comprometidas con esta tierra y su ciudadanía.

Un programa y unos candidatos que, con el apoyo de los hombres y mujeres de esta tierra, posibilitarán que Canarias pueda estar digna y consecuentemente representada y defendida en el Congreso y en el Senado que surjan de las elecciones generales del 20 de noviembre. Algo esencial y determinante en la difícil coyuntura económica y social que viven las Islas.

*Diputado en el Parlamento Autónomo y presidente de Nueva Canarias