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A vueltas con el Parque Nacional del Teide > Pedro Millán del Rosario

   

No es la primera vez que escribo sobre la reclamación del Cabildo Insular de Tenerife para hacerse cargo de la gestión del Parque Nacional del Teide, transferida por el Estado a la Comunidad Autónoma canaria. Me gustaría que fuera la última porque, en definitiva, me parece un tema de relevancia menor para los ciudadanos y para el medio ambiente de estas Islas, que tienen problemas bastante más graves que resolver que esta “extraña” polémica, reavivada este fin de semana con las declaraciones del presidente del Cabildo de Tenerife, Ricardo Melchior, amagando con un hipotético recurso al Tribunal Constitucional.

Hay que decir, en primer lugar, que el más Alto Tribunal del Estado ya no es lo que era. Se encuentra desbordado por la enorme cantidad de recursos que le llegan desde todos los sectores de la sociedad, desde ciudadanos o colectivos hasta las instituciones públicas. En el mejor de los casos, la resolución de este recurso de inconstitucionalidad puede demorarse un mínimo de 7 u 8 años. Vaya usted a saber dónde estaremos todos después de tanto tiempo. Por supuesto, nada ni nadie garantiza que el fallo beneficie la reclamación del Cabildo de Tenerife. Es más inteligente utilizar la amenaza de presentación del recurso para presionar al Gobierno y, tengo que añadir, ello no deja de ser una estrategia lícita.

Por otro lado, la escasa trascendencia para el ciudadano radica en que los parques nacionales canarios ya cuentan con su dotación presupuestaria y su personal asignado, a través del acuerdo transferencial finalizado hace dos años, por cierto, con mejores dotaciones económicas que los primeros parques transferidos, de prisa y corriendo, en Cataluña, Andalucía o Aragón, con mayores urgencias políticas y nacionalistas. Además, la Ley 5/2007, de la Red de Parques Nacionales, marca con exactitud las directrices de conservación y uso público que estos territorios deben seguir, los gestione quien los gestione.

Sin embargo, el motivo de esta renovada reclamación se explica por el cambio acaecido desde el final de la anterior legislatura, en la que, a través de un apresurado decreto, cogido -jurídicamente- con pinzas, el Gobierno comenzaba el reclamado traspaso de competencias. Sin embargo, hace poco entró en escena el nuevo pacto de gobierno con el PSOE, que asumió la Viceconsejería de Medio Ambiente, cargo asumido por Guacimara Medina, antigua alcaldesa de Artenara, y con ideas propias. Y he aquí que en sus primeras declaraciones la viceconsejera se desmarca de las líneas del pasado y defiende la gestión conjunta de los cuatro parques nacionales canarios, sembrando la inquietud en la Presidencia del Cabildo de Tenerife. Y es que su Viceconsejería ha quedado bastante descafeinada, al ser desposeída de su rama de planificación e impacto ambiental, en una hábil maniobra de Domingo Berriel (CC). Si encima -ahora- pierde la gestión de los parques nacionales se quedaría en nada. Por tanto es lógico (y también lícito) que la viceconsejera luche por mantener la titularidad en la gestión. Será interesante ver cómo se resuelve este pulso político entre ambas instituciones. Ahora bien, insisto en que no se trata de algo trascendental para el medio ambiente de estas Islas, por muchos titulares de prensa que se consigan.

En otro orden de cosas, quiero comentar que mi experiencia personal, al ser miembro del Patronato del Teide durante varios años, fue altamente gratificante, en parte gracias a la forma de llevarlo del presidente del Cabildo de Tenerife. En este sentido, en un primer momento me sorprendió que el Patronato tenía más poder de decisión que otros órganos similares y que las sesiones eran dinámicas y resolutivas, casi siempre.

Como también he sido miembro de otros patronatos, donde sucedía justamente lo contrario, he podido comparar que el del Teide funcionaba razonablemente bien. Éste es un mérito de todos los miembros, pero en el que el presidente tenía y tiene buena parte de la responsabilidad.

Dicho esto, sigo sin comprender ese empecinamiento obsesivo en conseguir la gestión del Teide. En especial, cuando los presupuestos ambientales insulares de Tenerife (y del resto de las Islas) se han reducido a la mínima expresión, cuando, por segundo año consecutivo, no se dedica ni un euro de inversión a los parques rurales de Anaga y Teno, cuando se ha suprimido la gran mayoría de los programas de educación ambiental -auspiciados históricamente desde la institución insular tinerfeña-, cuando la Oficina del Voluntariado Ambiental ha estado a punto de desaparecer o cuando en unas recientes jornadas ambientales concluyen que los ciudadanos hemos de pagar por los servicios en los espacios naturales, etcétera.

En otras palabras: parece una gran contradicción convertir la transferencia de un espacio natural, aunque sea el Teide, en un acto de fe mientras, a la vez, se recortan los presupuestos ambientales de la totalidad de los espacios naturales que se vienen gestionando desde hace más de una década. No parece coherente, al menos a mí no me lo parece.

En conclusión, parece de sentido común que exista una Red Canaria de Parques Nacionales, gestionada por el Gobierno autónomo y contando con los cabildos. Esta idea no es mía. Así lo pensaba, en su momento, la propia Coalición Canaria, en tiempos de Adán Martín como presidente, y Milagros Luis Brito, entonces viceconsejera de Medio Ambiente. En esos tiempos, no demasiado lejanos, por mis manos pasó un borrador de ley de Red Canaria de Parques Nacionales promovido por los citados, que así lo formulaban (aún lo conservo).

Y es que en esta región, tan dividida en reinos de taifas, y atravesando tiempos difíciles, necesitamos ideas o conceptos que nos cohesionen y que nos hagan parecer -al menos- una sola comunidad, no siete.

*Geógrafo y máster en Desarrollo Local