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... Y NO ES BROMA >

Cajero solidario > Conrado Flores

   

Hace unas semanas nos enteramos de la existencia de un cajero del Banco Santander ubicado en el barrio tinerfeño de El Cardonal que daba a sus usuarios un dinero extra respecto al que inicialmente habían solicitado. Si pedías 100 euros, te daba 170 euros y si pedías 120 euros te daba 300 euros. No está nada mal. Es bastante probable que la máquina, testigo directo de las dificultades por las que están pasando cientos de clientes del banco y harto de negar saldo a quienes viven en números rojos, decidió de manera unilateral comenzar su particular lucha contra la crisis. Así de solidario es nuestro particular cajero.

Al contrario de lo que se pudiera suponer, todos los clientes beneficiados por este acto de solidaridad informática no sólo informaron de ello a los gestores de la sucursal bancaria sino incluso a la policía, tras entender que no era justo irse a su casa con un dinero que no era suyo. Muchos de ellos pensaron que ese dinero que podrían estafar a su banco podría ser el que otras personas ganaron con el sudor de su frente. O con el sudor de la frente de otros. Y consideraron que eso no está bien. Pusieron cara a los propietarios de esos 70 euros que nuestro querido cajero les dio de más. Pensaron en una anciana pensionista, en una madre soltera a la que apenas le llega para comprar el material escolar a sus hijos o en una familia con ambos miembros en paro. No pensaron en ningún momento en que sólo con los beneficios del Santander durante el primer trimestre de 2011 -que ascendieron a 3.500 millones de euros- se podría construir Disneylandia en El Cardonal. Así son de honrados en este querido barrio lagunero. No obstante, y con la velocidad del rayo, ya se encargaron en la entidad bancaria de aclarar a los medios de comunicación “que las personas que se hubieran llevado más dinero del solicitado recibirían el cargo en breve espacio de tiempo”. Así de eficientes son los gestores de la sucursal. Menos mal que todo finalmente acabó de manera justa, estaba bastante preocupado por si a Emilio Botín no le cuadraban los números.