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Calentando motores > Francisco Pomares

   

El presidente Rivero reclamó el martes en el Parlamento la creación de un frente común para “defender ante el Estado lo que pertenece a Canarias”. Se trata de una vuelta de tuerca más –pequeña todavía- a la idea electoral básica de los nacionalistas de que “o Canarias es una preocupación del Estado, o se convertirá en un problema de Estado”.

Rivero es perfectamente consciente de lo que se le viene encima a partir del 20-N. La animadversión que se profesan mutuamente él y José Manuel Soria, unida a su decisión de apoyar la estabilidad parlamentaria de Zapatero, provocó la ruptura del PP con su Gobierno, precisamente en la antesala de un viraje crítico de los comportamientos electorales de la ciudadanía española, que ha colocado al PP en el mejor momento de su historia. Hoy, la práctica totalidad de las regiones españolas y las principales ciudades del país, son gobernadas por mayorías absolutas del PP. La misma ola que tiñó de azul el mapa político español en las elecciones locales inundará el 20-N las Cortes y dará al PP un cheque en blanco para afrontar la crisis y el mayor poder político de que ha disfrutado jamás. A partir de entonces, Canarias será una exótica anomalía en la política española: la única región gobernada por los nacionalistas con apoyo del PSOE. No creo que eso se convierta en una buena tarjeta de presentación para que Coalición siga practicando su especialidad cortesana, que es pasearse por los ministerios pidiendo dinero.

Hay quien piensa que Rivero podría responder al nuevo mapa replanteándose el pacto con el PSOE. La técnica tradicional de los nacionalistas es adaptarse a las circunstancias y gobernar con cierta proximidad a quien manda en Madrid. Si los votos de Coalición fueran necesarios en el Congreso de los Diputados para la investidura de Rajoy, el pacto con los socialistas aquí abajo no tendría futuro alguno, a pesar de la evidente sintonía que existe entre Rivero y su actual vicepresidente. Pero es probable que los votos de Coalición no aporten nada al PP y la situación se enquiste. El PP -sobre todo en Tenerife- cree llegado el momento de desalojar a los nacionalistas de las instituciones y Rivero no puede gobernar en solitario. Lo hará con el PSOE, apretando el acelerador del enfrentamiento contra quien Gobierna España. Contra Madrid. Rivero es jugador de envite: irá a por todas. Habrá que ver hasta dónde contará con los socialistas en ese juego peligroso.