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Castañas con más de medio siglo de historia

   

ÁNGELES RIOBO | SANTA CRUZ DE TENERIFE

Caminar por la Rambla de Santa Cruz de Tenerife sin oler a castañas asadas es imposible en otoño. Este olor tan característico y embaucador lleva más de 60 años animando a buena parte de los transeúntes más golosos a hacerse con un cucurucho. Cada año, hacia mediados de septiembre, los pequeños puestos de venta de estos frutos comienzan a ocupar esta concurrida zona de la capital donde aprovechan el continuo trasiego de viandantes.

En el comienzo de la avenida Asuncionistas, cerca de la confluencia entre la avenida Bélgica y la calle San Sebastián, se coloca, cada otoño el que quizás es el kiosco de castañas más emblemático. Posiblemente a los nostálgicos les evocará, por ejemplo, a la época en la que pasaban por él de camino a los desaparecidos Multicines Oscar.

El humilde puestito ha sobrevivido al multicine y hoy, muchos de aquellos chicharreros y visitantes continúan acercándose, ahora ya con sus hijos, en busca de las sabrosas castañas. Estos frutos tan urbanos llevan más de 60 años siendo testigos de los cambios de la capital gracias al espíritu de la familia Negrín. Ellos gestionan los tres puestos de venta que recorren la Rambla santacrucera y también el que se ubica en la avenida de Los Majuelos, cerca del Muñeco de Nieve.

Domingo Negrín Ramos de 54 años, cuenta cómo su padre, Domingo Negrín Justo, comenzó la actividad en 1950. Mi padre puso un puesto en la Plaza de España, cuando era toda de tierra. Luego pasó a la esquina del reformatorio que había sobre el Mercado Municipal. Ahí me crié yo, mi madre me daba el pecho bajo el puesto de castañas”, rememora y añade que “luego ya pasamos a la Rambla cerca de la plaza de La Paz”.

Domingo padre falleció hace cuatro años y su primogénito se encargo de enseñar el negocio a dos de sus tres hermanos, Anselmo y Lalo, ya que el pequeño sufre una discapacidad visual. También enseñó los secretos de un buen asado de castañas a su hijo, Domingo Negrín Herrera, con 32 años. Ahora, Lalo gestiona el kiosco de la avenida Asuncionistas, frente al Parque Viera y Clavijo, su hija Rosi el que se encuentra unos metros más adelante, cerca de la plaza de la paz, y Anselmo se encarga del del Muñeco de Nieve. Él, discapacitado físico, ha encontrado la mejor ayuda en su hijo, quien continúa con la tradición familiar en el puesto situado frente a la Plaza de Toros, con la ayuda de su mujer y de su suegra.

Domingo Negrín Ramos asegura que continúan dedicándose a la actividad por seguir con la tradición y honrar la memoria de su padre, y no por una cuestión económica. “Mi padre era un todo terreno. En invierno vendía castañas y en verano mantecados con un carrito por la Calle Castillo”, recuerda A lo largo de estos años ha comprobado cómo las costumbres de los clientes han cambiado al igual que la meteorología. Domingo, sentado junto al puesto de su hijo, alude a un supuesto “acortamiento” del invierno.

“Antes había más invierno y más movimiento. Vendíamos más”, dice Domingo, y lamenta que, que ahora sólo venden algo menos de un saco de castañas al día, una cantidad que no supera los 30 kilos.“Son tres meses al año de trabajo. Solemos empezar en octubre y nos retiramos a mediados de diciembre, que es cuando las castañas ya no están en sus mejores condiciones”, señala domingo y alude a una frase de su padre fallecido “es preferible perder 10 kilos de castañas que clientes” destaca orgulloso de ver cómo las niñas que compraban a su padre hoy son mujeres que siguen viniendo a comprar a su puesto.

[apunte]La familia Negrín va por su tercera generación al frente de los puestos de castañas de la capital. En 1950, Domingo Negrín Justo, un emprendedor de entonces, inició el negocio con un pequeño puesto en la plaza de España. Su primer hijo, Domingo Negrín Herrera pasó su infancia allí y cogió las riendas del negocio cuando falleció su padre hace cuatro años. Ahora, continua con la tradición que ha enseñado a sus hermanos y a su hijo, Domingo Negrín Herrera, quien aparece en estas imágenes asando castañas junto a su mujer, su hija, su cuñada y su nuera, que les ayuda a despachar.[/apunte]