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Cerrar el círculo > Tomás Cano

   

Un relámpago no ilumina tu camino, no te sirve como si fuera una lámpara en tu mano; sólo te da un fogonazo, un vislumbre del camino que tienes por delante. Pero ese vislumbre es precioso; ahora tus pies estarán firmes, ahora serás fuerte, ahora tu determinación de alcanzar tu destino se verá fortalecida. Has visto el camino, sabes que está ahí y no deambulas sin dirección. Un fogonazo de luz y vislumbrarás el camino que tienes que recorrer y el templo que es el destino de tu viaje. He oído una historia de dos hombres que se perdieron en el bosque una noche muy oscura. Era un bosque muy peligroso, lleno de animales salvajes, muy denso y rodeado de oscuridad. Uno de los hombres era un filósofo, y el otro era un místico. De repente estalló una tormenta, las nubes se abrían y había grandes relámpagos. El filósofo miraba al cielo, el místico mantenía la vista en el camino. En ese momento hubo un relámpago y el sendero se iluminó delante de ellos. El filósofo miró al relámpago y se preguntó: “¿Qué está pasando?”, perdiendo así el camino. 

Tú estás perdido en un bosque aún más denso que el de esta historia. La noche es más oscura. A veces viene un relámpago: debes mirar al sendero. Chuan Tzu es un relámpago, Buda es un relámpago, yo soy un relámpago. No me mires a mí, mira al sendero. Si me miras a mí, perderás tu oportunidad, porque el relámpago no se volverá a repetir. Sólo dura un momento, y los momentos en los que la eternidad penetra en el tiempo son muy escasos; son como relámpagos. Y cuando empieces a vivir, las cosas ordinarias adquieren una belleza extraordinaria. Cosas pequeñas -la vida consiste en cosas pequeñas-, pero, cuando les aportas la cualidad de un amor intenso y apasionado, se transforman, se vuelven luminosas.

Llega un momento en la vida de todo hombre que se da cuenta de cómo los viejos árboles empezamos a morir por la copa. Hemos llegado a una edad en que la muerte es un lugar común al que no debe temerse.
En el transporte aéreo, al que he dedicado mi vida durante más de treinta y cinco años, si eres gentil y eres débil, te destruye.

Me han llamado de todo, incluso ave Fénix, pero en este sector la audacia, cuando se manifiesta, es difícil de controlar; por eso, me parece más maravilloso contemplar el comienzo de algo grande que su fin.

Mi vida en el transporte aéreo, desde Spantax, Hispania, Air Europa, Oasis, Centennial, Air Madrid, que experiencias más inolvidables.

Una tarde, arrullado por el zumbido de las abejas, el aroma del tomillo y el cálido aire cargado de sal, caí dormido y soñé que peleaba contra mis enemigos.
Deseaba huir de ellos. Comencé a correr. A medida que corría daba pasos cada vez más largos, hasta que con cada salto me elevaba más en el aire, hasta que al fin planeaba sobre los campos.

No hay sueño más placentero que volar.

De pronto, mientras viajaba, oí cómo alguien me llamaba por mi nombre. Miré a mi alrededor, hasta donde me alcanzaba la vista, pero no había nadie, ni tan siquiera todos aquellos que me han llamado lo que simplemente ni soy, ni he sido, en definitiva no había nadie. Sólo las pálidas nubes, el cielo azul, el negro mar. Volaba, solo eso. De nuevo volví a oír la voz que me llamaba.

-“¿Quién me llama?” -pregunté.

No se cómo, pero comprendí entonces, que era mi destino al que oía, solo eso el destino que con los años yo solo me había forjado, y que no dejaba de repetirme:

-“Tu no eres nadie”.

Y yo le preguntaba por qué tengo que morir y dejar todo esto. Su respuesta fue simple: “Todos nos hacemos esta pregunta tarde o temprano. Nadie puede amarnos tanto como nosotros mismos, pero no olvides que el destino es siempre cruel, y tú estás camino, con pasos dubitativos, de alcanzarlo ya.