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Chinus interruptus > Randolph Revoredo Chocano

   

Circulan por la red las típicas teorías que suenan creíbles por ser medias verdades, pero falaces. Una especialmente írrita llegó a nuestro correo hace un par de días. Es la siguiente: China terminará fabricándolo todo; todos los países le comprarán y, desde el monopolio fabril, pondrá al mundo de rodillas. La moraleja de la historieta es: comprar local (aunque sea caro y malo).

Primero. El “comprar local”, cuando se basa en la idea de que todo pueblo debe autoabastecerse en todo lo que necesita, llega al disparate vivido en la autarquía española: porque ningún país tiene todos los recursos, tecnologías, conocimientos y mercados para autoabastecerse por sí sola. Por eso existe el comercio internacional: unos tienen mucho de una cosa (que venden) y poco de otra (que compran).

Segundo. La mano de obra que más crece y mejor se paga es en servicios, sobre todo los más sofisticados (tecnología, finanzas, diseño, gestión, salud…), y cada vez más le roba cuota total al trabajo fabril (peor pagado) en el PIB de una economía. Esta es una tendencia de todos los países avanzados y es en los países avanzados donde está la mayor innovación y creación de riqueza en este aspecto.

Tercero. Fabricar hoy día es un coñazo en un país rico (sindicatos, impuestos, presiones políticas), especialmente la fabricación de cacharrería, basurilla sin valor especial. La manufactura que tiende a quedar en nuestras economías son las que son capaces de fabricar algo caro que la gente paga más caro aún (un Porsche, un Ferrari, una superproducción cinematográfica tipo Hollywood, Chips), o lo que no se puede hacer en ultramar (edificios, productos frescos, etcétera).

Cuarto. China es una cosa, Taiwán, otra. Por no mencionar Singapur, Corea del Sur o Japón. “Chinos” es una cosa. Asiáticos otra. No son para nada un colectivo homogéneo desprovisto de colisiones y desconfianzas entre ellos. Muchos de sus vecinos fabrican cosas infinitamente más sofisticadas.

Quinto. Mientras las principales universidades del mundo estén donde están (USA, UK) y los patrones de belleza sean caucásicos, el centro del mundo estará donde está. En Cambridge (UK) dicen que “hay más chinos que personas” y pese a todo pasará mucha agua bajo el río antes de ver universidades chinas dominando el panorama científico (yo no creo que viviré tal cambio, si es que ocurre). No hay ni una.

Sexto. La innovación (que nace para cambiar el mundo) fructifica solo si existe el entorno adecuado. En China pasará mucho, mucho tiempo, para un entorno suficientemente favorable al pensamiento y la creatividad porque es necesaria la libertad individual (palabras que se dicen rápido pero que se les atraganta a los dirigentes del PC chino), o en su defecto una notable tradición histórica sobre la cual construir (que el comunismo se habrá encargado de destruir durante sus operaciones de limpieza ideológica). Por lo tanto: no es que los chinos estén arrebatando maquiavélicamente las fábricas a occidente; es que nos las estamos quitando de encima porque absorbe recursos (capital, trabajo…) que se pueden utilizar de forma mucho más productiva: el empleo está y estará -en economías avanzadas- cada vez más en el trabajo intelectual especializado. ¿Que el Partido Comunista chino tiene aspiraciones globales?, seguro que sí. No tengo duda. ¿Que pueda llegar a emular a Gengis Kan algún día? Si lo consigue no será a través del comercio, si no por la fuerza. Es lo que se trata de decir más arriba: antes contaba el músculo, ahora lo que cuenta es el cerebro. Y Roma es mucha Roma. Militarmente, ahora es que les queda a los chinos trecho por recorrer. No tienen ventajas tecnológicas (las universidades y los centros más importantes los tiene la Roma imperial, repito), no tiene tradición bélica (como Vietnam, toda la vida en guerra hasta no hace mucho).