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Cobrar o no cobrar, he ahí la cuestión > Manuel Iglesias

   

Periódicamente surge dentro del mundo de las instituciones que se ven afectadas, la cuestión de cobrar o no por determinados servicios o accesos a espacios naturales, que en el caso de Tenerife tiene iconos tan representativos como el parque nacional de Las Cañadas del Teide y otros.

Este fue uno de los asuntos que técnicos y gestores medioambientales del Cabildo de Tenerife y de la mayoría de los ayuntamientos de la isla trataron durante las primeras jornadas sobre la gestión insular del medioambiente, que se celebraron esta semana que concluye.

Todos han coincido en la necesidad de cobrar en determinados aspectos y que eso “no es privatizar”, según la consejera insular de Medio Ambiente, Sostenibilidad del territorio y Aguas, Ana Lupe Mora. Por ejemplo, dice, una pista forestal cuesta mucho dinero mantenerla y el que utilice ese recurso debe “colaborar en su mantenimiento”.

Es una polémica antigua que renace periódicamente y que tiene diversas perspectivas. Los partidarios de mantener sin restricciones los accesos y los servicios, argumentan que los costos de mantenimiento están incluidos en los impuestos y cargas que gravan a los ciudadanos y que limitar el uso y disfrute va en contra del derecho adquirido por esa misma aportación que se realiza a algo que es de todos.

Por la otra parte, hay una línea que considera que cada vez son mayores los gastos y necesidades 1que tiene el mantenimiento de los espacios naturales y que una parte de ese costo debe ser pagado precisamente por quienes los utilizan. En cierta manera se plantea la pregunta de que por qué un señor que está en su casa le tiene que pagar la parte proporcional del disfrute a otro. Que hay una base económica general, pero luego otra particular sólo cuando se hace uso del bien o servicio, que sería esa “entrada”, por llamarlo de alguna manera.

Ambos planteamientos tienen sus fundamentos y muchos más, pero hay un tercero, que es el de quienes hacen un uso comercial del territorio. Uno de los sectores económicos que más se rebelan contra la posibilidad de pagar es el de los guías y negocios turísticos que llevan excursiones, por ejemplo, al Teide o a Masca. No quieren pagar por ello, pero, claro, desde el otro lado, se señala que ellos les cobran a los turistas por las excursiones y obtienen sólo para sí un lucro con las cosas del bien general, sin abonar por eso contrapartida alguna.

Lo que si se puede apreciar es que hay una tendencia creciente para cobrar por accesos en determinados lugares, con el añadido de ciertos servicios en otros, y lo que no está claro son las exenciones que tienen que tener las normas respecto a lugares que son de todos.

Pero parece evidente que tal como se ponen las cosas, si se quiere un mantenimiento adecuado, habrá que buscar recursos nuevos… y la “entrada” aparece tan visible como un anuncio de neón en la noche.