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Cólicos intestinales > Jorge Bethencourt

   

Los vecinos de Las Chumberas interrumpen el tráfico todas las tardes en la intersección de la autopista Santa Cruz-La Laguna con el acceso a la autopista del Sur. ¿Por qué? Para llamar la atención sobre la situación de sus viviendas y para pedir soluciones. No es que a la gente a la que jeringan un día tras otro tengan la solución a los problemas de los vecinos de Las Chumberas, es que en este país se ha instalado la inveterada costumbre de que los pájaros que están en la rama de arriba defecan en los que están en la rama de abajo y estos a su vez en los de más abajo. O lo que es lo mismo, que si a mí me la hacen yo se la hago a todo el mundo, aunque no tengan la culpa de nada, para llamar la atención y para que todos estemos igual de jodidos.

El otro día, mientras escuchaba a un conductor afectado echar espuma por la boca, pensé que ese es realmente el espíritu de este país. Es el espíritu que anima las relaciones entre los diferentes partidos políticos. El que preside las relaciones entre empresas y sindicatos. El que rige los comportamientos entre aficionados del Madrid o del Barcelona. En este país tenemos cronificada una aptitud innata para el enfrentamiento y la capacidad de, ya puestos a joder, llevarnos por delante hasta al apuntador.

Ese gen de la confrontación resulta muy útil en determinado momento, por ejemplo si te invaden los franceses, pero se vuelve extremadamente nocivo en situaciones de crisis interna ya que nos conduce a declararnos la guerra a nosotros mismos. Ahora que esa subespecie llamada clase política ha decidido darse cuenta de que no hay dinero para pagar todo lo que debemos, llega el momento de recortar gastos, de sufrir. Y puestos a sufrir, mejor que sufra la madre que trajo al mundo al vecino de al lado. Aquí nadie está por que le toque pagar el pato. Ni los funcionarios, ni los médicos, ni los maestros, ni los conductores de coches oficiales, ni los diputados… Nadie.

Ahora que ya tenemos el agua al cuello comienza un nuevo espectáculo de acusaciones mutuas, reproches y enfrentamientos. “Hoy presenciamos el lento suicidio de un pueblo que, engañado mil veces por garrulos sofistas, empobrecido, mermado y desolado, emplea en destrozarse las pocas fuerzas que le quedan”, dijo Marcelino Menéndez y Pelayo hace más de un siglo. Y sigue de plena actualidad.

@JLBethencourt