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el dardo > por Leopoldo Fernández

Como a un perro > Leopoldo Fernández

   

Lo mataron como a un perro. Y luego arrastraron y profanaron su cadáver, como ocurrió con Mussolini. El sanguinario Muammar Gadafi es ya historia, lo mismo que su Yamahiriya o República del Pueblo. Durante 42 largos años dispuso de todo el poder y de la inmensa mayor parte de las riquezas libias, que manejó a su antojo hasta que una parte del pueblo, con el apoyo de Naciones Unidas vía OTAN, dijo basta.

Excéntrico, estrafalario, caprichoso, desafiante, soberbio, iluminado, se creía por encima del bien y del mal en un país desestructurado, basado en clanes y tribus, y con inmensos recursos petroleros. Tenía bien merecido un final trágico, pero nunca como el que le dieron sus propios compatriotas; habría sido preferible verle ante el Tribunal Penal Internacional.

Días antes de morir, entregó varios miles de misiles a sus antiguos enemigos de Al Qaeda en el Magreb Islámico, según sospechan la OTAN y los servicios de inteligencia del Consejo Nacional de Transición. Parece mentira que con el enorme poder económico que tenía a su alcance, prefiriera refugiarse en una zona de cuevas y alcantarillas de su ciudad natal antes que huir hacia cualquier país de la zona subsahariana, donde podría haber comprado voluntades a troche y moche.

A la espera de lo que pueda ocurrir en Siria y tras los acontecimientos de Túnez y Egipto, Libia se suma a la llamada primavera árabe, aunque está por ver si ésta da paso a un verano democrático de verdad. No al estilo occidental -parece impensable para un país donde tanto prima la religión sobre la política-, sino basado en modelos integradores que por una parte permitan un proceso de reconstrucción, desarrollo y convergencia económica y por otra abran las urnas a movimientos modernizadores moderados capaces de reemplazar a los ya agotados, por arcaicos y regresivos.

Tengo la impresión de que va a resultar más fácil derrotar a Gadafi y su gente que desactivar a los mercenarios, desarmar al pueblo, implantar un Gobierno provisional de transición y superar las inevitables discrepancias entre quienes han tomado el poder y aquellos que lo dejan una vez que Libia ha sido liberada. Gracias al petróleo, Gadafi se paseó a su antojo por los principales países occidentales, incluido España, tras desmantelar su programa nuclear y ser perdonado por sus actividades terroristas, entre las que destacan los atentados de Lockerbie, Uta y la discoteca berlinesa La Belle.

Más sus apoyos temporales a ETA, MPAIAC y otros muchos movimientos independentistas y revolucionarios. Desaparecido Gadafi, sigue en juego la seguridad occidental, también la de Canarias, en una parte del mundo llena de tensiones e intereses.