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... Y no es broma > por Conrado Flores

Consejos médicos: el oculista > Conrado Flores

   

Hace un par de semanas fui por primera vez al oftalmólogo. Nunca he tenido problemas de visión pero a medida que uno va cumpliendo años comienza a conocer todas las especialidades del ámbito de la medicina. Tampoco me gusta mucho ir al médico pero una vez en la consulta me encontré con un profesional muy agradable y simpático, antiguo jugador de baloncesto, que me hizo sentir muy cómodo desde el primer momento sentándome en un sillón muy confortable.

Hay que ver la de cosas que se pueden aprender en el médico. La pupila, por ejemplo, ese punto negro que tenemos en el centro del ojo, obtiene su significado del diminutivo en latín “pupilla”, que significa “muchachita” o “muñequita”, y es por eso por lo que también la llamamos la “niña del ojo”. ¿Impresionado? Pues yo iba por el seguro.

Lo primero fue fácil: mirar unas letras sin sentido a lo lejos, como cuando te sacas el carné de conducir. Le dejé impresionado y pensé que ya podría irme pero prefirió intentar darle la vuelta a mis párpados, algo muy poco agradable y que sólo consiguió una vez me confesó que se lo hacía a los niños y que nunca lloraban. Le aclaré que yo no estaba llorando pero que tampoco lo fuera contando por ahí. Por último, me echó unas gotas de un líquido en los ojos para dilatarme las pupilas.

Yo no sé si ese colirio lleva extracto de jalapeño pero como picaba bastante tuve la excusa perfecta para echarme a llorar de verdad.

Cuando a uno le dilatan las pupilas se le pone cara de extraterrestre y ve fatal de cerca, un efecto nada importante que desaparece por sí solo pasadas unas ocho horas. Pero como yo había llevado el coche y no me apetecía acabar en la cárcel por conducción temeraria, no me quedó más remedio que vagar por las calles como un secundario de The walking dead. Al rato, una amiga me reconoció y nos pusimos a charlar a una distancia a la que me encontraba mucho más cómodo con los ojos cerrados.

Entre una cosa y otra, le expliqué que el “humor vítreo” no es una comedia de la tele sino un líquido transparente que tenemos en la superficie interna de la retina.

También le dije que, por favor, nunca fuera sola al oculista.