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Crisis y silencios > Verónica Martín

   

La crisis sísmica ha vuelto a poner sobre la mesa el temor canario al fluir de la información. Al parecer, se tiene más miedo a las hipótesis científicas que a los propios sismos. Y eso es un error. La crisis volcanológica había sido un auténtico ejemplo de cómo hacer bien las cosas. Eso… hasta hace unos días en los que el control de la información ha secuestrado a los científicos oficiales que participan en el asunto. Solo pueden hablar en las ruedas de prensa oficiales que duran unos siete minutos y son en medio de una calle. ¿Es posible explicar algo complejo en estas circunstancias? Está claro que no. Además, hace unos días también las autoridades han roto su pacto de colaboración tras la crítica de Alpidio Armas a la evacuación de La Restinga y al cierre del túnel de Los Roquillos. No se entiende; en cuestión de seguridad ciudadana, las discusiones deben ser solo a puerta cerrada.

Los movimientos sísmicos comenzaron el pasado 19 de julio con una importante novedad en Canarias: se estaba produciendo un enjambre de sismos que llevaba a los instrumentos del Instituto Geográfico Nacional (IGN) a constatar una media de 100 microsismos al día. Quizás los tranquilos habitantes de La Restinga habían vivido encima de enjambres sísmicos sin saberlo, ajenos a cualquier crisis. Hasta que los aparatos lo captaron. Esta vez la cosa fue a más y, tras dos meses, la población comenzó a notar los temblores. Pero… estaban preparados porque equipos tanto del creado -aunque no institucionalmente reconocido ni aún consensuado- Instituto Vulcanológico de Canarias (Involcan) como del oficial Instituto Geográfico Nacional (IGN) se recorrieron, plaza a plaza y barrio a barrio, El Hierro entero explicando a los habitantes de la zona qué hacer en caso de crisis sísmica o volcánica. Los herreños se convirtieron en expertos. Algo inédito en Canarias, aunque los miembros del Involcan llevan años con un programa didáctico similar. Ahora, que el riesgo se ha vuelto real hemos visto muchos aciertos: el semáforo (aunque solo de tres colores, quizás habría que revisarlo y pasarlo a cuatro) se ha elevado correctamente y los sismos han estado monitorizados y publicitados adecuadamente. Ahora, los científicos de todos los institutos deben explicarnos qué está ocurriendo. Es muy honesto (y se agradece) que se diga que todas las opciones están abiertas, pero los ciudadanos piden más: que expliquen el porqué de una hipótesis y de otras. Para eso necesitamos que todos puedan hablar. Es ciencia. Y lógica. No hay que temer a la ciencia.