X
sin objetividad >

De escorpiones y de ranas > José Antonio Felipe Martín

   

El escorpión y la rana es una fábula de origen desconocido, aunque atribuida a Esopo. En ella un escorpión le pide a una rana que le ayude a cruzar el río. Prometiéndole no hacerle ningún daño, La rana accede subiéndole a sus espaldas pero cuando están a mitad del trayecto el escorpión pica a la rana. Ésta le pregunta incrédula ¿cómo has podido hacer algo así?, ahora moriremos los dos ante lo que el escorpión se disculpa “no he tenido elección, es mi naturaleza”.

Hoy toca comentario para que se echen encima algunos: en el baloncesto de base de Tenerife ocurre lo mismo que en esta fábula. En los últimos tiempos me da la sensación que esa impresión de cainismo crece a pasos agigantados alimentada por ciertos personajes que no tienen siquiera escrúpulos de morder la mano que les ha podido dar de comer.

Un día tuve la suerte de entrevistar a dos amigos míos para hablar sobre el baloncesto de cantera en nuestra Isla. José Carlos Hernández Rizo y Alejandro Martínez hablaron conmigo, me ayudaron y me enseñaron muchas cosas, además de señalarme algunos de los principales peligros que acechan al baloncesto de formación. En ningún momento, jamás, señalaron con el dedo a nadie ni aprovecharon para malmeter. De ellos, porque los conozco bien, no me sorprendió. Pero esa honradez no es habitual.

Conozco un caso, que me duele porque toca de cerca a personas a las que aprecio mucho y que siempre me regalan sonrisas, que clama al cielo. No doy nombres porque sirve, desgraciadamente, para muchos casos: un entrenador considera que cambiar de club es una oportunidad para seguir creciendo o, al menos, para seguir preparando a niños a gusto. Acto seguido alguien de su nuevo club, también actuando en plena libertad, logra que varios jugadores abandonen su anterior equipo para jugar en otro. Creo que ahí se cometió el delito.

Dimes y diretes, rajadas por la espalda y alianza con algún periodista útil para presentarse como una víctima de un engaño sin parangón. El club afectado se siente ofendido, el coordinador del mismo, más aún, pero de los niños se habla poco porque en el fondo a muchos les interesa lo mismo: ganar y ganar para mantener su trozo de la tarta de la que comen, algunos mucho y muy bien, por cierto.

Como he dicho, el caso anterior me fastidia porque es gente cercana y porque se ha mentido, sin conocer bien la historia, porque resultaba lo más útil incluso olvidando ayudas y apoyos recibidos en el pasado.

Siempre me gusta dar nombres, igual están algo perdidos, pero, de verdad, son tantos casos, las guerras y los piques que hay en la base, que sirve para muchas personas. Además, cuento con una ventaja: a mí poco me dirán, porque en el baloncesto de base de la Isla todos se creen los buenos. Imagino que nadie se verá reflejado en estas líneas. O sí. Quién sabe.