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De las bajadas como receta > Francisco Pomares

   

Quizá recuerdes aquél viejo chiste gomero sobre los cero grados: “¡Qué bien, cero grados! Ni frío ni calor”. Pues eso, que lo de bajar impuestos al capital y salarios es como un chiste, aunque esta vez con poca gracia.

El PP se nos ha descolgado en su programa con una doble propuesta de bajada -menos impuestos para los capitales, menos salarios para los trabajadores- que no significa en absoluto lo mismo. Bajar los impuestos al capital es favorecer a los que más tienen y bajar los salarios, pues no hace falta explicar lo que significa, está claro: desde que empezó la crisis, bajar salarios ha sido la opción recurrente.

Con medidas así, no es de extrañar que hasta la Unión Europea nos haya advertido ayer de que las diferencias entre quienes disponen de más renta y de menos se han agrandado en España con la crisis. Hoy, los ricos son más ricos y los pobres más pobres.

La brecha entre riqueza y pobreza se disparó durante el último año medido -2010- situando a España, de entre los países de la Unión, sólo en mejores condiciones que Lituania, Rumanía y Letonia. Economías más pequeñas que la economía española, como las de Irlanda, Portugal, Polonia, Eslovaquia, Chipre o Eslovenia, mantienen una distribución de la renta más equilibrada que la nuestra. Y al final eso es lo importante, porque la salud económica de una sociedad no debe medirse sólo por el PIB per cápita.

El PIB por habitante de los Emiratos Árabes Unidos es el más alto del planeta, pero no estoy yo seguro que eso resulte un consuelo para los trabajadores palestinos que se rompen el lomo en las refinerías de petróleo.

Por supuesto, el crecimiento de la desigualdad es consecuencia de la crisis, pero es mentira -lo demuestra a la perfección la propuesta de las bajadas- que todo el mundo pague las crisis por igual.

Pagan más quienes menos tienen; es más: la crisis se convierte -para quien dispone de reservas- en una oportunidad para comprar barato las propiedades y bienes que pierden los que se quedan sin trabajo y recursos. Las crisis son una magnífica ocasión para que algunos listos hagan buenos negocios.

En Tenerife recordamos aún las fortunas amasadas durante la crisis del 73.

Y es que si la historia nos enseña algo, es que de las crisis -a pesar de (o por) las bajadas- los ricos salen más ricos y los pobres más pobres.