X
desde el volcán >

Deuda > Randolph Revoredo

   

La Comisión Europea trabaja sin pausa para presentar un plan para solucionar todos los males que aquejan la zona euro el 23 de Octubre y de paso volver a los años dorados. La actual estructura de precios en los mercados de futuros en volatilidad y diversas primas de riesgo no parece creerse mucho que tal fecha sea la de la salvación del sistema como tampoco se han creído totalmente el rebote de las bolsas de las últimas dos semanas (especialmente la última). Por no mencionar las agencias de ratings, informando que rebajan la calidad crediticia de varias comunidades autónomas españolas, España misma, Italia y numerosos bancos europeos. Hay escepticismo y desconfianza: en que Merkozy y el entramado político-burocrático de Bruselas sea capaz de romper su patrón y ofrezca soluciones distintas al paño caliente que solo posponen el problema (magnificándolo), en creerse que Grecia de repente abandona sus malas costumbres, Italia elimina sus precarios equilibrios y cálculos políticos y acometa decisiones de reforma profunda (decimos reforma y no austeridad), que se decida cambiar el Tratado de la Unión y éste asuma competencias nacionales en materia de planificación fiscal (que es mucho decir), y entre otras cosas emisión de deuda soberana.

Y esto sin pensar que los hechos se alimentan unos a otros, transformándose. Josef Ackermann, director general del Deutsche Bank acaba de decir en la CNBC que capitalizar la banca no resuelve el problema, porque quedan muchas preguntas sobre la sostenibilidad de la deuda griega o el contagio hacia otros países del euro. Por otra parte Charles Dallara, gerente del Instituto de Finanzas Internacionales, el lobby que representó a la banca en las negociaciones de julio con la UE dice que no están dispuestos a romper el acuerdo de aceptar más quita que lo acordado: el 21 por ciento; y eso mientras en los planes de Bruselas ya se baraja una quita (un impago, para entendernos) del 50 por ciento para Grecia, 40 por ciento para Portugal, 20 por ciento para España, igual porcentaje para Italia. Poco a poco parece que cada vez más se trata de emular la solución de Estados Unidos a la crisis crediticia del 2008, el famoso Bazooca de Paulson (el TARP) aunque sin las instituciones y coordinación que lo propiciaron. No obstante, mientras la discusión se centra en si será o no capaz de articular tal esfuerzo en un escenario de equilibrio múltiple, creemos que es necesario no perder la perspectiva de un asunto que empezó a chirriar desde el 2007. Nuestra opinión es que se camina sobre una cuerda floja. Un problema de deuda no se puede resolver con más deuda. O como dice Wolfgang Schäuble, ministro de finanzas alemán, “no puedes combatir fuego con más fuego”. Aún en Estados Unidos la solución al pánico bursátil de Octubre de 2008 fue eso: una solución para apagar un fuego. Se estabilizó al paciente, pero no se cambió su estado. Tal esfuerzo de estabilización en esencia fue usar deuda para cubrir a los que perdían a espuertas. Se fabricó dinero a lo bestia para cubrir a los grandes bancos (que dicho sea de paso predicaron con el ejemplo endeudándose a tope para crecer en los tiempos de locura alcista). Dicen que cuando se exorciza se corre el riesgo de recibir el demonio que atormentaba a la víctima; entonces era al sector financiero. Y así ocurrió. El precio de crear confianza a martillazos comienza a dejarse ver en las primeras facturas que llegan: a cambio de contener el pánico evitando que pasara a las calles emergen potentísimas ramificaciones fiscales, siendo Estados Unidos un país que según la agencia crediticia Standard & Poor no merece la máxima calificación (no sin razón). Desde la desaparición del patrón oro, el famoso Shock Nixon del año 71, la economía mundial entró en una era de expansión desbocada totalmente basada en el crédito. Esa Era, creemos, toca a su fin y las convulsiones de estos años se nos antojan estertores del moribundo.

Como desenlace a lo presente, nos imaginamos dos escenarios planetarios. Uno en el que al paciente se le proporciona calmantes, en el que al alcohólico se le proporciona pequeñas dosis de alcohol para que no haga destrozos, un escenario así resultará en una economía con crecimientos anémicos, con frecuentes y breves recesiones, sin creación de empleo y descontento contenido, susceptible a shocks externos de toda clase y, por supuesto, a un desenlace totalmente apocalíptico (como la guerra o el fin del dólar como divisa de reserva mundial, con consecuencias catastróficas para Estados Unidos). Un mundo que puede durar décadas o explotar en unos pocos años (para mal).

Otro escenario es la terapia de choque, que supondrá contracción económica y convulsión social a corto plazo. Una mezcla de ascetismo alemán y fin de la alquimia. Donde una reforma profunda del sistema financiero tan radical como para ver un nuevo Bretton Woods y provocar el fin del dinero barato y del consumo desaforado; donde se pase al ahorro como valor primario.

Tememos que la segunda opción, aún siendo la más sensata, sea el camino menos probable. Entre otras cosas por el tremendo coste político que supondría tomar las medidas necesarias para llevar a cabo tal proceso. La primera opción, el escenario del paño caliente, es el que gusta a la clase política por sus resultados inmediatos y su efectismo, pese a que el riesgo que se corre al pactar con el diablo.
No es sano asumir que la única vía de hacer algo sea endeudándose.

sobre-el-volcan.blogspot.com