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El aviso del jefe superior de Policía > Manuel Iglesias

   

El jefe superior de Policía de Canarias, Julián Márquez, aseguró que hay un aumento del número de delitos en las Islas en los que están implicados menores de catorce años, en un discurso pronunciado en el acto oficial del Día de la Policía en Las Palmas de Gran Canaria.

La noticia seguramente necesita de más profundizaciones para poder tener un retrato exacto, porque el jefe superior no dio cifras, ni más datos, ni entró en detalles, aunque apuntó que una materia como esta debería ser objeto de debate dentro de la sociedad insular, lo cual es una conclusión evidente.

No tener esos datos, que se ha reservado con carácter interno por su confidencialidad, nos impide saber cómo se distribuye el aumento, si es generalizado en el Archipiélago o el incremento afecta más a unas Islas que a otras. Porque en un territorio discontinuo insular la distribución estadística es importante, ya que no siempre se puede tomar a Canarias como una unidad para tener una imagen cierta de un clima social de seguridad. Puede ocurrir que en una Isla las cifras se hayan disparado y en otras no y no se puede considerar que el delito juvenil crece en La Gomera porque lo haga en Gran Canaria o en Fuerteventura porque suceda en Tenerife. No vale un mismo rasero insular, aunque todo sea un global regional.

Los actos delictivos más frecuentes en los que participan estos menores son, según se dijo, la entrada en almacenes, los pequeños hurtos o el apalancamiento de vehículos. En principio no parecen muy relevantes, pero si son un aviso si va en aumento, y en cuanto pueden representar la raíz de un problema susceptible de crecer con peores características si no somos capaces de frenarlo adecuadamente. En ese sentido es adecuada la recomendación de Márquez de que se debería abrir un profundo debate al respecto, porque tal vez en todo estoseguramente influye la sociedad que estamos creando, la eliminación de valores respecto a los derechos de los demás y una sobrevaloración de los propios en los jóvenes para actuar a capricho, con el agravamiento del abuso de la falta de responsabilidad penal como motivación de cobertura para algunos comportamientos.

Y saber más de los datos y de la distribución geográfica del problema es conveniente, porque en muchas ocasiones hay situaciones estadísticas de seguridad que tienen nombre y apellido en la calle. Es decir, que no hay un ambiente general de inseguridad, sino unos individuos o un grupo de ellos que cometen delitos o faltas con tal frecuencia que hacen subir las cifras, pese a que cuando se llega al control de los protagonistas, esos números se reducen notablemente, apuntando así a que se trata de unos “enfermos” localizados y no una “epidemia” social que se expande. Que no es lo mismo, cuando se trata de reflexionar sobre lo que nos sucede y de establecer qué acciones tal vez deberíamos acometer como colectivo.