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El barrio que lucha por su presente

   

Situado en el Puerto de la Cruz, esta zona vivió su máximo desarrollo en tiempos del alcalde Paco Afonso, con quien se construyeron las infraestructuras más importantes. / MOISÉS PÉREZ

LUIS F. FEBLES | Puerto de la Cruz

La historia del popular barrio de San Antonio de Puerto de la Cruz, representa el esfuerzo y la incansable labor de los cientos de vecinos que, en tiempos de carencia y necesidades, aunaron esfuerzos para sacar adelante sus hogares, pese a las dificultades de la época. Las plataneras y el barranco dibujaban el paisaje de un rincón que custodiaba la entrada a la ciudad turística.

Lugar trabajador por excelencia, fue testigo de cómo la llegada de la democracia cambió la dinámica de un arrabal y recompensó el trabajo y la participación vecinal con la creación de la Asociación de Vecinos Jeriguilla, en época del antiguo alcalde portuense Francisco Afonso Carrillo.

La historia de este barrio se remonta antes del siglo XVII, aunque según las fuentes, su consolidación definitiva fue a finales de dicho siglo. El especialista en historia local del barrio y pedagogo David Hernández, recoge en su libro La Historia de San Antonio relatada por sus vecinos, datos e impresiones de la historia de este popular rincón portuense. Para la formación del entorno y su composición, fue fundamental el papel de los jornaleros que habitaban en los altos del Valle de La Orotava.

A finales del siglo XVII estos jornaleros iniciaron un desplazamiento a la costa con la intención de construir casas en La Dehesa portuense. Como consecuencia, se intensificó el proceso de ocupación de muchas tierras por parte de estos jornaleros, que pasan a convertirse en pequeños propietarios, ocupando parcelas dispuestas a lo largo de los caminos y en el borde del barranco de San Felipe. Las construcciones establecen una estructura urbana lineal, orientada en sentido sur-norte. Así, entre 1640 y 1699 se consolida el núcleo de población del barrio de San Antonio, que es posible que comprendiera un ámbito territorial más amplio, que incluiría a los barrios de Las Arenas y de La Vera. Una economía favorable y un mayor crecimiento demográfico aseguran que en el siglo XIX la expansión continuó.

Ligado de forma inexorable a la historia del barrio, emerge la figura de Nicolás White. Su protagonismo es recordada por ser el primer alcalde irlandés de Puerto de la Cruz, en el último tercio del siglo XVIII. Uno de los rincones más conocidos del barrio y que alberga un valor histórico de primer nivel es la Casona de San Antonio (o Casa Tolosa), que tiene la particularidad de ser una de las primeras residencias que las familias inglesas adquieren en Tenerife y fue la casa de campo de Nicolás White. Fue edificada en 1750 por el alférez Antonio José Borges Temudo y su esposa María Pereira, en el lugar conocido como Los Sitios. Hoy en día es propiedad municipal y permanece en un alarmante estado de abandono, aunque se trata de uno de los elementos más conocidos y recordados del barrio.

Recuerdos del barrio

Como aparece recogido en los libros de David Hernández sobre la historia de este barrio, muchos de los vecinos recuerdan cómo era el día a día, y la unidad que siempre estuvo presente. “Era un barrio pequeño, con vecinos muy unidos entre sí, en el que los hombres se dedicaban a trabajar en las plataneras y las mujeres en su casa hasta que empezaron a abrir los hoteles en la ciudad”.

Muchos de los vecinos rememoran cómo ha cambiado el barrio desde los años sesenta hasta ahora. “En esos años, San Antonio estaba constituido solamente por la calle San Antonio, que lleva todavía su nombre, y el Esquilón”. Eran típicas las comidas y los bailes de barrio. Los vecinos recuerdan cómo “los que estaban en edad de merecer, esperaban encontrar en los bailes a la persona con la que compartir la vida y no tener que rogarle al Santo por una novia”.

Ya en el presente más real y directo, los residentes de este barrio siguen colaborando para entre todos hacer del barrio un lugar mejor para vivir. En este último decenio, las acciones llevadas a cabo por los vecinos han sido un ejemplo de unidad y superación social.

Además de la realización de varios libros sobre el barrio, los vecinos consiguieron evitar la instalación de una antena de telefonía móvil. Importante para el desarrollo del barrio fue el proyecto del jardín social, presentado por la Asociación de Vecinos Jeriguilla en el año 2004. Una idea trabajada para fomentar las zonas verdes, aunque finalmente, en lugar del jardín, se construyó un skate.