X
la columna >

El copago que nadie dice querer > Manuel Iglesias

   

El copago sanitario, es decir, el que los usuarios abonen una parte del costo del servicio que reciben, se ha puesto de actualidad y genera debate. Y todos hablan de él, pero, a tenor de las declaraciones de los representantes políticos, nadie lo quiere, aceptando, al mismo tiempo, que con el ritmo actual es imposible sostener el sistema. Es algo muy español: reconocemos que hay que cambiar, pero no queremos que cambie nada que nos afecte, y, si cambia, que cambie para otros.

De tanto afirmar la evidente bondad del Estado del bienestar como un beneficio inherente a la sociedad, parece que nos hemos instalado en la creencia de que es un derecho que nos debe llegar por sí y continuamente. Eso es un objetivo atractivo, pero requiere una contrapartida y unos esfuerzos que no siempre aportamos o estamos dispuestos a aportar.

Adelanto que a mí tampoco me gusta el copago sanitario, como a cualquiera que le digan que debe abonar lo que hasta ahora ha recibido sin cargo (no gratis, porque pagar se paga con los impuestos), pero ciertamente no sería una novedad hispana porque existe en nueve de los 15 países de la UE para variados tipos de servicios: visitas médicas, hospitalizaciones, farmacia, atención dental y otros como urgencias, pruebas diagnósticas, transporte sanitario, prótesis, etcétera. De esos nueve países dos son nórdicos (Finlandia y Suecia, prototipos de estados del bienestar) y otros siete tienen un sistema de salud que responde al modelo de seguridad alemán.

En estos casos, los sistemas de seguridad social suelen tener una cobertura estipulada y delimitada explícitamente, con gran nivel de elección y muchos copagos. Éstos incluso se usan con objetivos estratégicos, para, por ejemplo, disminuir el uso innecesario de servicios extraordinarios, como son los de urgencias, con el desembolso de una cantidad por el usuario si la atención reclamada y recibida no se considera verdaderamente de urgencia e inmediata.
Y es interesante ver cómo el método de copago que tanto discutimos en España en cambio no ve mal que hoy determinados sectores paguen un porcentaje por los medicamentos.

El problema es que los temas sanitarios con demasiada frecuencia se utilizan políticamente y, además, se adoban de las reacciones sindicales, donde a veces se argumentan bienes generales como pantalla de intereses gremiales, lo cual confunde y oscurece la controversia.

Tal vez vez es adecuado lo que apunta el exdiputado socialista y actual candidato José Segura de que ésta sería una cuestión que, como las pensiones y su Pacto de Toledo, requiere de un acuerdo general y amplio de fuerzas políticas, sindicales y económicas.

Pero, como en muchas otras cosas, habrá que esperar a después de las elecciones, porque el ruido de campaña no es el mejor ambiente para asuntos tan delicados y complejos como variar o no el actual esquema de atención sanitaria.