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El epicentro de una crisis sistémica > Raquel Lucía Pérez Brito

   

Trichet no es el único que dice que Europa es el epicentro de una gran crisis mundial que comienza a ser sistémica. En estos casos sería deseable que los políticos sean conscientes y capaces de tomar decisiones rápidas; esperar solo supondrá aumentar los daños en la economía y por ende a los ciudadanos que son quienes soportan, en última instancia, las consecuencias.

La reunión de los ministros de finanzas del pasado fin de semana debió haber supuesto un avance, después de duras negociaciones, que hubiesen podido ser rematadas en la cumbre de noviembre del G-20 en Cannes. Pero Europa, una vez más, no supo resolver sus tensiones y las esperanzas puestas en la cumbre han vuelto a teñirse de incertidumbres, quedando nuevamente pospuestas las decisiones hasta el próximo domingo. Confirmando que, en el fondo, además de una crisis económica también estamos inmersos en una crisis política y de liderazgo europeo. Por otro lado, la cumbre del G-20 que, en un principio, se planteaba como objetivo principal la discusión y análisis de la crisis de la deuda soberana europea, se encuentra con una tensión añadida entre Estados Unidos y China.

Los Estados Unidos aprobó, la semana pasada, un proyecto de ley en el Senado por el que podrá aplicar aranceles a las importaciones procedentes de países con monedas subvaluadas. La reacción de China no se ha hecho esperar y amenaza con una guerra comercial global, que desencadenaría un proteccionismo galopante que mermaría el poco crecimiento existente en las economías mundiales. Y está claro que, en economías estancadas, las empresas pocas razones tendrían para invertir. Habrá que ver cómo se resuelve este nuevo foco de tensión. China tendrá que poner de su parte para resolverlo satisfactoriamente. El proteccionismo no es la solución.

Por otro lado, los países emergentes como China y Brasil están estudiando la posibilidad de hacer frente a la crisis de la eurozona a través del FMI; pero esta opción solo tendría sentido y podría ayudar si se tratase de un complemento para la zona y siempre y cuando Europa resuelva internamente sus problemas y consoliden y amplíen sus propios mecanismos de rescate.

Hay quienes aún ven viable que antes de la cumbre del G-20 será posible tener un horizonte más nítido, dentro de la Unión Europea, para poder llegar a acuerdos definitivos que permitan estabilizar la zona euro.
Y desde luego sería más que deseable. Es posible que el domingo tengamos más respuestas.

Una de las lecciones que se debe sacar de la crisis es precisamente que necesitamos más unidad. Tras la transformación que ha sufrido el mundo con el surgimiento de China, India y América Latina, a Europa solo le queda estar más unida que nunca.

Trichet lleva razón cuando recientemente, en una entrevista que concedió al Financial Time, culminó diciendo: “Hay más razones hoy para que los europeos se unan en materia económica, financiera y monetaria de las que había a principios de la década de 1950”.

* Economista, abogada y licenciada en Ciencias Políticas | @errelu