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análisis > por Luis Gutiérrez Herreros

El espacio público: conducta incívica y responsabilidad > Luis Gutiérrez Herreros

   

La exposición del escultor José Abad (La Laguna, 1942) inaugurada el pasado lunes, 17 de octubre, y organizada por CajaCanarias Banca Cívica, es una oportunidad para disfrutar en su sede principal, en el Museo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife y en la Sala de Arte Juan Cas de la misma entidad financiera, situada en La Laguna, así como en plazas y entornos de los citados espacios culturales.

Su primera exposición individual se celebra en 1962 -ya había expuesto de forma colectiva en 1961- y de su larga trayectoria de artista enorme, recuerdo aquella estupenda muestra del año 2004 en el Instituto Canarias Cabrera Pinto y en distintos espacios públicos de su ciudad natal y la magna de París (2007-2008) en el Musée de la Poste, ambas con el apoyo, con mayor y menor protagonismo, del Gobierno de Canarias. En un texto de José Corredor-Matheos, del año 1991, titulado Manolo Millares y José Abad: apertura y fuerza del arte canario, hablando del segundo, nos decía: “(…) perteneciente a una generación posterior (a Millares) que afianza cada vez más su prestigio fuera de nuestras fronteras”. Por tanto, no es que tenga vocación universal, como dijo el nuevo alcalde de Santa Cruz, José Manuel Bermúdez en el acto de inauguración de la exposición. El arte de José Abad tiene una dimensión universal. Tomar la decisión de vivir en estas islas podría suponer el problema de no ser más reconocido fuera de esta tierra archipielágica, aunque estuviera muchos años ligado a la Galería del Naviglio de Milán. Parecida situación podría tener la obra de Pedro González. Los dos viven y trabajan en Tenerife. Recuerden que Martín Chirino vive en San Sebastián de los Reyes (Madrid), y desde hace un tiempo es un artista de la Galería Marlborough, y ello no ha sido un obstáculo para dirigir una temporada el Centro Atlántico de Arte Moderno de las Palmas de Gran Canaria.

Volviendo a la inauguración de la exposición de José Abad, los responsables municipales repartieron elogios de la misma y al esfuerzo realizado por la entidad financiera con los tiempos que corren. Como dijo Julio Pérez, primer teniente de alcalde y consejero delegado de la Sociedad de Desarrollo de Santa Cruz de Tenerife y coincidiendo con el alcalde:“(…) una exposición anima las calles y la economía…”, pero me venía a la memoria que con cautela, se debería haber tenido restaurada la escultura de Martín Chirino denominada El sueño de los continentes instalada en la Plaza de Europa en el año 1991 (se publica un completo reportaje de ella en la separata Planas de Cultura. Diario de Avisos, Año I, Núm.1, viernes 6 de diciembre de 1991, págs. VIII y IX, firmado por quien suscribe este artículo).

Se trata de una escultura de acero cortén, ejecutada en los talleres de Palazón de la Esperanza, concebida exclusivamente para la plaza, obra a su vez del arquitecto Rubens Henríquez y amigo del anterior, y a quien se debe el que Santa Cruz cuente con la quinta escultura en la calle de Chirino (la primera Lady Tenerife (1972), en la plaza Arquitecto Alberto Sartoris, en la propia sede del COAC; la segunda, Gran Cabeza Africana (1987), dentro del recinto abierto de la sede Central de Cajacanarias; la tercera, Viento, localizada en el exterior del patio de la fachada principal del Parlamento de Canarias y la cuarta, del año 1999, una espiral que decora la cubierta de la ampliación del mismo edificio). La Real Academia de Bellas Artes San Miguel Arcángel denunció ante el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife el deterioro de la escultura El sueño de los continentes como consecuencia del mal uso de este espacio público. La Real Academia apeló a una mayor atención al patrimonio cultural con un mínimo servicio en la detección de pintadas o heridas en las esculturas urbanas y sus entornos y a una rápida intervención de mantenimiento, preferentemente, si es posible, con los propios autores de las esculturas o con su visto bueno sobre las acciones a realizar.

Ya el propio José Abad, el 15 de junio de 2009, en su sesión de investidura como numerario de la Academia, condición a la que renunció a los cuatro meses, denunció cómo determinadas esculturas de Santa Cruz sufrían deterioros sin que por el Ayuntamiento se interviniera para repararlas, a raíz de esta reclamación, al menos la suya fue restaurada. Ese mismo año 2009, un grupo de arquitectos miembros de la Academia presentó un nuevo manifiesto sobre la mutilación y la desaparición de una parte de la escultura de Martín Chirino que tratamos, así como el deterioro urbanístico de su entorno.

En el año 1992, con la apertura al público de la Plaza de Europa, el alcalde José Emilio García Gómez nos decía: “(…) Espero que esta plaza, situada precisamente en el comienzo de la futura zona de expansión de la ciudad, sea el símbolo del próspero futuro que todos deseamos para la Nueva Europa que construimos día a día.” En el año 2011, es símbolo de la indiferencia, estando muy lejos de aquellos buenos deseos.

La responsabilidad de restaurar la escultura le correspondió al grupo de gobierno de la anterior corporación. La obra se encontraba llena de pintadas, se usaba de tobogán y estaba deteriorada. En el año 2009, se rodeó con una valla debido a su inestabilidad y argumentando razones de seguridad de las personas se decidió amputarla por miedo a que el viento la tirara al suelo. Todo ello, sin permiso de Martín Chirino, según versión municipal, al no poder ser localizado. Se pidió presupuesto para su arreglo a una empresa de fundiciones distinta a la de su ejecución y se le trasladó el asunto al Organismo Autónomo de Cultura… La noticia, como no podía ser de otra manera, tuvo eco en el autor y en la prensa local y de difusión nacional, levantando la justificada polémica en distintos ediles del resto de los partidos representados, Ramiro Cuende, Ángel Isidro Guimerá, Guillermo Guigou y Alfonso Soriano, quien sentenció: “El mayor error es no haber hablado con el artista”. No obstante, hay que pasar página y actuar de inmediato restableciéndola a su estado original. Vivimos en una época de conducta incívica, donde unos pocos atentan duramente contra el espacio público y el patrimonio cultural con el consecuente deterioro del paisaje urbano y de nuestra calidad de vida, teniendo las distintas administraciones que realizar un enorme esfuerzo económico en vigilancia y mantenimiento. Desde luego, demorar la restauración de la escultura es el espejo de la política anterior, por ello, y aunque conscientes de otras prioridades, estas pequeñas cosas suman buenos vientos y calman tempestades.