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El fatalismo de Fernando Clavijo > José Carlos Alberto Pérez-Andreu

   

Hace unos días escuché una entrevista a un economista estadounidense. En ella, el periodista acusaba al analista de mercados de no dar ni una sola buena noticia. El analista, cansado de que, únicamente, se relacionara a los economistas con el desaliento del futuro próximo, respondió que sí que tenía una muy buena noticia que dar. Gratamente sorprendido, el presentador se apresuró a preguntarle cuál, ante lo que el analista respondió impertérrito: “Los meses que vienen de 2011 van a ser muchísimo mejores que todo el catastrófico 2012”. Con esta anécdota quiero decir que el alcalde de La Laguna no es ningún reputado mentalista que se ha aventurado a predecir cómo nos vendrán dadas en el 2012, sino que, en la entrevista concedida a DIARIO DE AVISOS y publicada el domingo pasado, lo único que ha hecho es poner sobre las mesa las cartas con las que el ayuntamiento que preside está jugando desde ya. Las malas cartas con las que juega Fernando Clavijo son buenas si las comparamos con otros consistorios. De cualquier modo, el ayuntamiento lagunero se encuentra ya con servicios que le han sido prestados y a los que no puede hacer frente, y esto no es más que el preludio de un 2012 que, como dice su alcalde, será “completamente terrorífico”.

El fatalismo de Clavijo es una mezcla entre el presente que vive la corporación y el terror que el exmiembro de Ican le tiene a una mayoría absoluta del PP después del 20-N. Miedo a un recorte en la capacidad de maniobrar, a no poder reinventarse, si el Estado reduce a los ayuntamientos el margen de maniobra. O si, simplemente, se manda a reducir el número de ayuntamientos existentes. Este asunto, personalmente, no me disgusta nada; Adán Martín era partidario de reducir consistorios en Canarias, pero casi nadie tuvo los arrestos suficientes para enfrentarse a tanto alcaldillo. El terror que Fernando Clavijo expone en la entrevista del pasado domingo no es otra cosa que la agónica antesala de la brutal centralización que pudiera producirse con una mayoría absoluta del PP. Y, evidentemente, esto sí que son cábalas de Clavijo en plena campaña electoral, porque si bien una de las bestias negras del PP son los nacionalismos, Aznar llegó a pactar con ellos cuando accedió a La Moncloa. Sin embargo, el alcalde sabe que, pase lo que pase, y gobierne a nivel nacional quien lo haga, La Laguna (que es de las municipalidades menos endeudadas) va a tener que subir los impuestos y recortar los servicios. Me temo que estos no son tiempos de ideología, sino de gestión.

Toca racionar el dinero y las ayudas. Lo que es verdaderamente dramático y debemos entender es que todos no van a poder cobrar por su trabajo. Al menos, no de la misma manera ni en los mismos plazos en los que lo veníamos haciendo. Y finalmente que estamos ante un momento histórico, en el que los hijos, indefectiblemente, van a vivir peor que sus padres.

josecarlosalberto@gmail.com | @jc_alberto