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El fiasco de un acuerdo político > Leopoldo Fernández

   

El Centro Canario Nacionalista (CCN), integrado en Coalición Canaria (CC), ha firmado un pacto con el Partido Popular (PP) para figurar en las listas de esta formación política en las próximas elecciones generales. Ignacio González, presidente del CCN, venía buscando el acuerdo desde hace meses porque “el PP ganará con mayoría absoluta y hay que pactar antes”. O sea, tenía que colocarse al sol que más calienta; no le importa dejar tirada a la CC en que se integra -que acude a los comicios junto con Nueva Canarias (NC)-, gracias a la cual ha sido elegido diputado regional y ha logrado para militantes del CCN diferentes cargos en la actual Administración autonómica.
Ignacio González Santiago, persona de indudable vocación política pero de una ambición (no sé si decir codicia) desmedida y aventurada capacidad de maniobra, abandonó el PP -en realidad ya estaba preparada su expulsión- en otoño de 1999, siendo su coordinador regional. Entre las lindezas que le atribuyó aludía a un “ambiente irrespirable” en el seno del partido, “el partido de los tres apellidos: las purgas, la crispación y el fracaso electoral”, (el partido de la) “sumisión perenne a un presidente… de Las Palmas y a cuatro peninsulares… en Madrid”, “vieja derechona recalcitrante”. No sé si el tránsito del PP de aquel tiempo al de hoy ha permitido a González advertir un cambio radical en ese partido; pero me imagino que el líder nacionalista habría firmado cualquier cosa con tal de poder envolverla en teóricos compromisos programáticos con el PP -revisión del REF, reforma del Estatuto de Autonomía y defensa de los intereses canarios en Bruselas, en el marco de las regiones ultraperiféricas-, además de figurar, que no es poco, en las candidaturas al Senado por Tenerife y Gran Canaria sendas aspirantes centristas con un puesto prácticamente asegurado, si se confirma la tendencia de voto.
González dice que 36 de los 40 miembros del máximo órgano del CCN apoyaron el pacto con el PP y rechazaron el acuerdo con CC y NC, sobre el que “no fuimos consultados”. Esta decisión no responde, sin embargo, al sentir de una parte de las bases centristas, pero el líder del CCN la justifica afirmando que “respetaremos el pacto que firmamos con CC para las pasadas elecciones autonómicas” y “seguiremos apoyando con los dos diputados al grupo de Gobierno y a Paulino Rivero en la cámara regional. Igual que han hecho UPN en Navarra y el PAR en Aragón, “pactamos -afirma González- antes de las elecciones, no vaya a ser que después, con mayoría absoluta, el PP no nos necesite”. El acuerdo le viene a Soria que ni pintado porque deja a Paulino Rivero en soledad con NC y debilita su capacidad de liderazgo. Y ya se sabe que Soria es capaz de todo con tal de hacer pupa al presidente. La alusión de González al PAR y UPN no la mide el PP por el mismo patrón y no le da el mismo valor; tampoco quiso rubricar el acuerdo Rajoy, como hizo en Zaragoza y Pamplona, no sólo porque son muy diferentes las teóricas cosechas de votos en las tres comunidades autónomas -se estima que el CCN no llegaría en soledad a 40.000 votos-; también se trata de una cuestión estética, ya que González está siendo investigado judicialmente sobre la financiación de su partido, y porque no quiere molestar a los dirigentes de CC. El caso es que el líder centrista sigue enredando en la política canaria. Por eso pasó de ser el mayor crítico opositor a Miguel Zerolo al concejal y aliado más fiel. Por eso pactó con la Nueva Canarias de Román cuando le convino y más tarde -hoy también- lo dejó en la estacada. Por eso estuvo con CC, dejó CC, volvió a CC y ahora está pero se ausenta. Y por eso, en pleno agosto pasado, decía en El Día que el CCN tiene como primera meta hacer de Canarias “un Estado federado y luego lograr la independencia económica, previa a la política” y ahora se alía con el partido que más combate la más mínima pretensión soberanista.
Son explicables las reacciones que el acuerdo suscitado en Canarias, lo mismo que sus efectos en el Cabildo grancanario, donde mató la posibilidad de una moción de censura, y los que puede cosechar en corporaciones como La Aldea, Moya, Firgas o Telde, incluso en el seno mismo del CCN. Y más explicables aún, las reacciones y desencantos que acuerdos como los de PP y CCN suscitan entre la ciudadanía. Pero, en Canarias valen las traiciones, deslealtades y oportunismos: siempre están abiertas todas las posibilidades. Siendo presidente, Saavedra fue traicionado por su vicepresidente Hermoso. Fernando Fernández, en un exceso de amor propio, presentó una moción de confianza y la perdió por culpa de su propio partido y de sus socios de Gobierno. El llorado Adán Martín por dos veces echó al PP del Poder pero CC, su partido, le segó toda posibilidad de continuar en el Ejecutivo o acceder a la presidencia de la Caja de Ahorros. Así podíamos seguir con pactos y decisiones de cualquier nivel, desde la corporación más modesta a la institución más señera. Los dirigentes de los partidos -no salvo a ninguno de los grandes- van a lo suyo y no les importa lo que piense la ciudadanía sobre sus decisiones, la designación de candidatos, la fijación de alianzas y pactos, el reparto de prebendas, el funcionamiento interno -basado casi siempre en un centralismo caudillista- y la necesidad de una regeneración de la vida democrática. Esos dirigentes olvidan que los partidos nacen de la sociedad como asociaciones que sirven al interés general, articulan la voluntad política de los ciudadanos y ofrecen alternativas para la resolución de los problemas. Y no deben funcionar a modo de casta, configurando una democracia rácana, menguante y minimalista.
Las encuestas del CIS reflejan una gran preocupación ciudadana por el funcionamiento de la clase política y los partidos, que son imprescindibles para la organización y desarrollo de la vida democrática en todos los niveles. Tal preocupación exige un esfuerzo en pro de la dignificación de la política y los políticos, y para una gobernabilidad basada en la transparencia y la exclusión de toda forma de corrupción y clientelismo. El político ganará en legitimidad y credibilidad cuando el ciudadano lo sienta cercano y advierta en él comportamientos ejemplares y decisiones justas y libres de ataduras. El acuerdo del CCN y el PP no es sino una muestra más del grado de arbitrariedad, oportunismo, chalaneo y contaminación ética de la política canaria; una señal solipsista que pone en tela de juicio la moral democrática necesaria para mantener la vida pública dentro de unas pautas ejemplarizantes.