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El robot para sondear el volcán

   

El robot, en el momento de ser izado al buque 'Profesor Ignacio Lozano', tras su llegada al puerto de La Estaca en helicóptero. / FRAN PALLERO

VICENTE PÉREZ (ENVIADO ESPECIAL) | Valverde

Un robot sonda, capaz de bajar a mil metros de profundidad por control remoto con autonomía para meses de funcionamiento, llegó ayer a El Hierro transportado en helicóptero desde Gran Canaria para tomar muestras del fondo marino donde se está produciendo la erupción volcánica.

El aparato, que tiene forma de torpedo y no lleva cámara, permitirá medir parámetros del agua como la salinidad, la temperatura, el oxígeno disuelto, la turbidez y el PH, según explicó Carlos Barreda, coordinador científico de la Plataforma Oceánica de Canarias (Plocan), un organismo de investigación científica formado por el Gobierno de Canarias y el Ministerio de Ciencia y la Innovación.

Barreda explico que la tardanza en llegar este instrumento, que ofrecerá datos de interés para que los geólogos sigan la evolución de la actividad volcánica, se debe a que “estos medios no se disponen de un día para otro, se necesitan técnicos especializados, y este vehículo submarino no tripulado estaba asignado para mandar a calibrar y cambiarle las baterías, pero se ha ganado tiempo haciendo esta revisión en Gran Canaria”. El investigador del Plocan dejó claro que éste no es el robot dotado con cámara del que tanto se ha hablado, y que llegará el fin de semana a Canarias a bordo del buque Ramón Margalef, perteneciente al Instituto Español de Oceanografía (IEO).

El instrumental llegado ayer al puerto de La Restinga fue izado a bordo del barco Profesor Ignacio Lozano, que desde la pasada semana ha navegado varias veces sobre la zona afectada por la erupción submarina de El Hierro. Este robot, propiedad del Plocan, permanecerá bajo el agua en el entorno de la erupción un largo periodo de tiempo, que Barrera no pudo precisar, pero sí puntualizó que si se ha traído hasta El Hierro será para aprovechar todo su potencial, pues dispone de una batería que le permite estar operativo entre cuatro y cinco meses.

Se controla desde tierra vía satélite, enviándole órdenes de rumbo. Con una forma hidrodinámica, sube y baja en el océano gracias a unas aletas y movimientos verticales. “Se mueve igual que un pez, que crea diferencias de densidad, pesa más y se hunde para planear hasta 1.000 metros; luego hincha la vejiga natatoria y sube”.