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El tiempo de los eternos ríos

   

El libro es una amalgama de anécdotas, encuentros con ribereños y memoria del lugar.| DA

SANTIAGO TOSTE | Santa Cruz de Tenerife

La rememoración de un viaje. Literario, físico y atemporal. El tinerfeño Román Morales García (Santa Cruz de Tenerife, 1962) acaba de publicar Caminos de agua, una crónica viajera donde da cuenta de su recorrido en kayak por los 10.500 kilómetros que unen las cuencas hidrográficas del Río de la Plata, el Amazonas y el Orinoco, entre 2005 y 2007. Caminos de agua, una obra autoeditada pero con el apoyo del sello Ediciones La Palma, es la segunda experiencia en la literatura de viajes de Morales, quien en 1995 daba cuenta, en Buscando el Sur, de su recorrido a pie por toda Sudamérica a través de la cordillera de Los Andes.

“Una vez que acabé esa travesía por las tierras altas -detalla Román Morales a DIARIO DE AVISOS-, conservé esa brasa de ilusión, ese duende viajero, que me impulsaba a recorrer algún día también las tierras bajas de Sudamérica”. “Y al fin llegó el momento, en 2005 -agrega-, cuando con un kayak que más bien parecía una biblioteca flotante, comencé a hacer realidad este sueño, este maravilloso viaje por uno de los territorios más preservados, y también más amenazados del planeta”.


Los cuadernos

Román Morales cuenta a este periódico que durante el viaje, al final de cada jornada, muchas veces, completamente agotado, iba anotando las impresiones de ese día en lo que el denomina cuadernos fluviales. “Todos estos diarios los concebí como una especie de bocetos -explica-, donde reflejaba las anécdotas del recorrido, la convivencia con los ribereños, la valiosa memoria que estos atesoran de sus abuelos…”

Y así, luego, ya de vuelta en Tenerife, fue poco a poco reconstruyendo un relato cronológico y de acuerdo con su avance geográfico, pero estructurado a partir de capítulos de lo más variopintos. “Tan pronto cuento un hecho curioso que me ocurrió en el mismo río, como hablo de algún aspecto concreto de ese lugar o de mi encuentro con alguien”, detalla. “De manera que Caminos de Agua se fue levantando como una especie de amalgama de vivencias, de relatos, de memoria histórica y social de la gente y también de dificultades cotidianas”.

Sometido a la contingencia que entraña una aventura de características, que luego se transformó en experiencia literaria, Román Morales subraya que casi únicamente había una premisa en todo este proyecto. “Siempre tuve claro que no estaba ante un reto deportivo ni que habría de atenerme a un estricto calendario”, argumenta. “No, desde el principio me planteé un viaje sin prisas, con la tranquilidad o la agitación que fuera surgiendo; un viaje -concluye- donde simplemente tendría que dejarme llevar por el tiempo eterno de los ríos”.