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En noviembre un nuevo fármaco arrebatará la hegemonía al Sintrom tras 50 años

   

Más de 650.000 pacientes cardiovasculares toman Sintrom. | DA

EFE | Las Palmas de Gran Canaria

El 7 de noviembre llegará a las farmacias españolas el primer medicamento que liberará de la “esclavitud” a unos 650.000 pacientes cardiovasculares sometidos a la warfarina, Sintrom en su marca comercial, con un margen de seguridad estrecho y que exige controles periódicos y análisis de sangre mensuales.

Y es que tras más de 50 años de absoluta hegemonía, al Sintrom le va llegando el momento de abdicar, ya que el Ministerio de Sanidad ha aprobado la financiación de una nueva aplicación del Dabigatrán, principio activo comercializado como Pradaxa, para prevenir el ictus -infarto cerebral- en casos de fibrilación auricular -arritmias del corazón-, mientras se indaga su indicación para otras patologías cardíacas.

Así lo han adelantado a Efe algunos expertos, entre ellos el recién nombrado presidente de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), Vicente Bertomeu, en el congreso anual de la organización en Maspalomas (Gran Canaria), donde se dan cita 4.000 profesionales dedicados a las enfermedades cardiovasculares, primera causa de mortalidad en España y en el mundo.

Bertomeu ha explicado que estos enfermos necesitan tener licuada la sangre por haber sufrido una trombosis o embolia o por tener un elevado riesgo de padecerla.
El doctor ha confesado que la warfarina no garantiza su efectividad en la totalidad de los pacientes, ya que el 20 % de las personas que la toman tiene un alto riesgo de embolia o hemorragia.

En el congreso se han presentado varios estudios que desvelan la elevada eficacia y seguridad de Dabigatrán, usado hasta ahora para evitar trombos en cirugías ortopédicas, mientras que se estudian otros principios activos como apixaban y rivaroxaban que podrían ser autorizados en un futuro cercano.

Un problema, en tiempos de crisis económica, podría ser el precio del nuevo producto -63 euros mensuales por paciente frente a los 3 del Sintrom-, pero Bertomeu ha aventurado que, lejos de encarecer el tratamiento, lo abaratará en mucho.

Carlos Morillo, director del Servicio de Arritmia y Enfermedades Cardíacas de la Universidad de McMaster, en Hamilton (Canadá), ha señalado en declaraciones a Efe que tanto en su país como en Estados Unidos se ha demostrado que este fármaco es costo-beneficio, es decir que resulta rentable.

Entre las ventajas del medicamento, que ya utilizan 100.000 pacientes en todo el mundo, ha insistido en que es más efectivo, disminuye el riesgo de hemorragias y embolias -evitando muertes e incapacidades de por vida-, apenas tiene efectos secundarios y, sobre todo, no necesita de tantos controles como el Sintrom, por lo que ahorrará las visitas constantes al hospital.

La eficacia de esta droga es “estable”, a diferencia de los resultados de la tradicional, que se alteran simplemente si se modifica la dieta o con un episodio de estrés, y que interfiere con numerosos medicamentos, como antiinflamatorios y antibióticos.

Así, enseguida se pasa de dosis insuficientes a otras excesivas, influyen en sus resultados los factores hereditarios y solo se puede saber si se están haciendo las cosas bien mediante una monitorización continúa, ha expuesto Morillo.

El secretario general de la SEC, Julián Pérez-Villacastín, ha reconocido que aunque es probable que lo acaben usando todos los pacientes, de momento se estima que solamente hagan el cambio a Dabigatrán aquellos que no están bien controlados, por lo menos, un 20 % del total.

Factores como el aumento de la esperanza de vida, la hipertensión, la obesidad y el tabaquismo hacen que el número de estos enfermos vaya en aumento.

En España, en torno al 1,5 % de la población está tratada con anticoagulantes y de estos pacientes tres cuartas partes lo hacen para combatir la fibrilación auricular, la arritmia más frecuente.

“Los tratamientos anticoagulantes utilizados en la actualidad tienen los días contados, ya que los nuevos fármacos supondrán una mayor comodidad y calidad de vida para el paciente”, ha sentenciado el cardiólogo.