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sin objetividad >

En tu fiesta me colé > José Antonio Felipe

   

Ahora quizás menos, pero hubo un tiempo en que cuando eras niño esperabas a que te dieran permiso para pasar del umbral de la puerta de una casa y esperabas la autorización del dueño de la misma para todo. Era hasta engorroso, porque hasta en los hogares en los que tenías mucha confianza con los habitantes de las mismas, ahí estabas tú preguntando todo como un poseso. Los cumpleaños eran caso aparte. Tus padres te advertían que no comieras como un loco, que no gritaras y no ensuciaras nada. Vamos, que no fueras niño. Todo esto se me queda grabado porque siempre pienso que ojalá pueda educar a mis hijos la mitad de bien (y con los mismos valores) como mis padres lo hicieron conmigo. Son maravillosos.

José Ramón González, entrenador del Montañeros, debe ser una de esas personas. Sus chicos llegaron al cumpleaños haciéndose fotos y mirando el Heliodoro con cara de ilusión. Ya en el partido, parecieron querer pasar inadvertidos. Fue como el que va a una fiesta y baila, bebe y come poco para que nadie repare en su presencia. Ni una patada, ni un mal gesto… ni fútbol. El Tenerife, aleccionado por Antonio Calderón en la previa en la que nos había recordado no ser ni el Barça ni el Madrid, salió a romper la piñata el primero, a comerse la tarta con un hambre desmesurada y a abrir todos los regalos de una vez.

45 minutos después, la fiesta de cumpleaños había decaído. De repente, a los blanquiazules pareció entrarles cierta modorra, seguro que muy influenciada por el horrible bochorno de la mañana de ayer, y por momentos parecía pecar de conformista.

A mí me sigue pareciendo que el equipo no funciona del todo. Que Marcos y Kitoko fueron los mejores, que la calidad individual de los chicharreros no la tienen muchos equipos de la categoría y que el Montañeros es otro de esos equipos tan respetables como inferiores al CD Tenerife. Desde fuera me sigue pareciendo que por momentos el equipo improvisa mucho y que le cuesta tener continuidad en el juego, que la verdadera medida del mismo la tendremos cuando nos veamos las caras con Castilla, Lugo y algunos más, que tampoco hay muchos más, y también que Calderón gastó muy pronto el discurso de su última rueda de prensa.

Me gustó el Calderón que dio la cara por sus jugadores, que lanzó un mensaje de optimismo y que pidió el apoyo de la gente advirtiendo públicamente, y eso lo hacen pocos, que si el equipo no asciende él habrá fracasado. Me gustó mucho. Pero para hacer eso ayer tenía que haber logrado que tu equipo mordiera al rival hasta el final, que pareciera que le iba la vida a pesar de ir ganando, o goleando. Ayer, quizás, si los gallegos llegan a querer colarse en la fiesta de Calderón, se armaba otro lío en el Heliodoro e incluso las dudas que tienen muchos hubieran reflotado nuevamente sin la posibilidad de gastar otra rueda de prensa para intentar remediarlo.